catala espanol
Facbook Facebook Facebook

Documents Conferència Episcopal Espanyola

SAN COLUMBANO


(pendent de traducci√≥) Queridos hermanos y hermanas: Hoy voy a hablar del santo abad Columbano, el irland√©s m√°s famoso de la alta Edad Media: con raz√≥n se le puede llamar un santo "europeo", pues como monje, misionero y escritor trabaj√≥ en varios pa√≠ses de Europa occidental. Como los irlandeses de su √©poca, era consciente de la unidad cultural de Europa. En una de sus cartas, escrita en torno al a√Īo 600 y dirigida al Papa san Gregorio Magno, se encuentra por primera vez la expresi√≥n "totius Europae", "de toda Europa", refiri√©ndose a la presencia de la Iglesia en el continente (cf. Epistula I, 1). San Columbano naci√≥ en torno al a√Īo 543 en la provincia de Leinster, en el sudeste de Irlanda. Educado en su casa por √≥ptimos maestros que lo orientaron en el estudio de las artes liberales, se encomend√≥ despu√©s a la gu√≠a del abad Sinell de la comunidad de Cluain-Inis, en el norte de Irlanda, donde pudo profundizar en el estudio de las Sagradas Escrituras. Cuando ten√≠a cerca de veinte a√Īos entr√≥ en el monasterio de Bangor, en el nordeste de la isla, donde era abad Comgall, un monje muy conocido por su virtud y su rigor asc√©tico. En plena sinton√≠a con su abad, san Columbano practic√≥ con celo la severa disciplina del monasterio, llevando una vida de oraci√≥n, ascesis y estudio. All√≠ tambi√©n fue ordenado sacerdote. La vida en Bangor y el ejemplo del abad influyeron en la concepci√≥n del monaquismo que san Columbano madur√≥ con el tiempo y difundi√≥ despu√©s en el transcurso de su vida. Cuando ten√≠a unos cincuenta a√Īos, siguiendo el ideal asc√©tico t√≠picamente irland√©s de la "peregrinatio pro Christo", es decir, de hacerse peregrino por Cristo, san Columbano dej√≥ la isla para emprender con doce compa√Īeros una obra misionera en el continente europeo. Debemos tener en cuenta que la migraci√≥n de pueblos del norte y del este hab√≠a provocado un regreso al paganismo de regiones enteras que hab√≠an sido ya cristianizadas. Alrededor del a√Īo 590 este peque√Īo grupo de misioneros desembarc√≥ en la costa bretona. Acogidos con benevolencia por el rey de los francos de Austrasia (la actual Francia), s√≥lo pidieron un trozo de tierra para cultivar. Les concedieron la antigua fortaleza romana de Annegray, en ruinas y abandonada, cubierta ya de vegetaci√≥n. Acostumbrados a una vida de m√°xima renuncia, en pocos meses los monjes lograron construir, a partir de las ruinas, el primer eremitorio. De este modo, su reevangelizaci√≥n comenz√≥ a desarrollarse ante todo a trav√©s del testimonio de su vida. Con el nuevo cultivo de la tierra comenzaron tambi√©n un nuevo cultivo de las almas. La fama de estos religiosos extranjeros que, viviendo de oraci√≥n y en gran austeridad, constru√≠an casas y roturaban la tierra, se difundi√≥ r√°pidamente, atrayendo a peregrinos y penitentes. Sobre todo muchos j√≥venes ped√≠an ser acogidos en la comunidad mon√°stica para vivir como ellos esta vida ejemplar que renovaba el cultivo de la tierra y de las almas. Pronto result√≥ necesario fundar un segundo monasterio. Fue construido a pocos kil√≥metros de distancia, sobre las ruinas de una antigua ciudad termal, Luxeuil. Ese monasterio se convertir√≠a en centro de la irradiaci√≥n mon√°stica y misionera de la tradici√≥n irlandesa en el continente europeo. Se erigi√≥ un tercer monasterio en Fontaine, a una hora de camino hacia el norte. En Luxeuil san Columbano vivi√≥ durante casi veinte a√Īos. All√≠ el santo escribi√≥ para sus seguidores la Regula monachorum ¬ódurante cierto tiempo m√°s difundida en Europa que la de san Benito¬ó, delineando la imagen ideal del monje. Es la √ļnica antigua Regla mon√°stica irlandesa que poseemos. Como complemento, redact√≥ la Regula coenobialis, una especie de c√≥digo penal para las infracciones de los monjes, con castigos bastante sorprendentes para la sensibilidad moderna, que s√≥lo se pueden explicar con la mentalidad de aquel tiempo y ambiente. Con otra obra famosa, titulada De poenitentiarum misura taxanda, que tambi√©n escribi√≥ en Luxeuil, san Columbano introdujo en el continente la confesi√≥n y la penitencia privadas y reiteradas; esa penitencia se llamaba "tarifada" por la proporci√≥n establecida entre la gravedad del pecado y la reparaci√≥n impuesta por el confesor. Estas novedades suscitaron sospechas entre los obispos de la regi√≥n, sospechas que se convirtieron en hostilidad cuando san Columbano tuvo la valent√≠a de reprochar abiertamente las costumbres de algunos de ellos. Este contraste se manifest√≥ con la disputa sobre la fecha de la Pascua: Irlanda segu√≠a la tradici√≥n oriental, que no coincid√≠a con la tradici√≥n romana. El monje irland√©s fue convocado en el a√Īo 603 en Ch√Ęlon-sur-Sa√īn para rendir cuentas ante un S√≠nodo de sus costumbres sobre la penitencia y la Pascua. En vez de presentarse ante el S√≠nodo, mand√≥ una carta en la que restaba importancia a la cuesti√≥n, invitando a los padres sinodales a discutir no s√≥lo sobre el problema de la fecha de la Pascua, seg√ļn √©l un problema secundario, "sino tambi√©n sobre todas las normas can√≥nicas necesarias, que muchos no observan, lo cual es m√°s grave" (cf. Epistula II, 1). Al mismo tiempo, escribi√≥ al Papa Bonifacio IV ¬óunos a√Īos antes ya se hab√≠a dirigido al Papa san Gregorio Magno (cf. Epistula I)¬ó para defender la tradici√≥n irlandesa (cf. Epistula III). Al ser intransigente en todas las cuestiones morales, san Columbano tambi√©n entr√≥ en conflicto con la casa real, pues hab√≠a reprendido duramente al rey Teodorico por sus relaciones ad√ļlteras. De ello surgi√≥ una red de intrigas y maniobras a nivel personal, religioso y pol√≠tico que, en el a√Īo 610, desemboc√≥ en un decreto por el que se expuls√≥ de Luxeuil a san Columbano y a todos los monjes de origen irland√©s, que fueron condenados a un destierro definitivo. Fueron escoltados hasta llegar al mar y embarcados, a costa de la corte, rumbo a Irlanda. Pero el barco encall√≥ a poca distancia de la playa y el capit√°n, al ver en ello un signo del cielo, renunci√≥ a la empresa y, por miedo a ser maldecido por Dios, devolvi√≥ a los monjes a tierra firme. Estos, en vez de regresar a Luxeuil, decidieron comenzar una nueva obra de evangelizaci√≥n. Se embarcaron en el Rhin y remontaron el r√≠o. Despu√©s de una primera etapa en Tuggen, junto al lago de Zurich, se dirigieron a la regi√≥n de Bregenz, junto al lago de Costanza, para evangelizar a los alemanes. Ahora bien, poco despu√©s, san Columbano, a causa de vicisitudes pol√≠ticas poco favorables a su obra, decidi√≥ atravesar los Alpes con la mayor parte de sus disc√≠pulos. S√≥lo se qued√≥ un monje, llamado Gallus. De su eremitorio se desarrollar√≠a la famosa abad√≠a de Sankt Gallen, en Suiza. Al llegar a Italia, san Columbano fue recibido cordialmente en la corte real longobarda, pero muy pronto tuvo que afrontar notables dificultades: la vida de la Iglesia se encontraba desgarrada por la herej√≠a arriana, todav√≠a dominante entre los longobardos, y por un cisma que hab√≠a separado a la mayor parte de las Iglesias del norte de Italia de la comuni√≥n con el Obispo de Roma. San Columbano se integr√≥ con autoridad en este contexto, escribiendo un libelo contra el arrianismo y una carta a Bonifacio IV para convencerlo a comprometerse decididamente en el restablecimiento de la unidad (cf. Epistula V). Cuando el rey de los longobardos, en el a√Īo 612 √≥ 613, le asign√≥ un terreno en Bobbio, en el valle de Trebbia, san Columbano fund√≥ un nuevo monasterio que luego se convertir√≠a en un centro de cultura comparable al famoso de Montecassino. All√≠ termin√≥ su vida: falleci√≥ el 23 de noviembre del a√Īo 615 y en esa fecha se le conmemora en el rito romano hasta nuestros d√≠as. El mensaje de san Columbano se concentra en un firme llamamiento a la conversi√≥n y al desapego de los bienes terrenos con vistas a la herencia eterna. Con su vida asc√©tica y su comportamiento sin componendas frente a la corrupci√≥n de los poderosos, evoca la figura severa de san Juan Bautista. Su austeridad, sin embargo, nunca es fin en s√≠ misma; es s√≥lo un medio para abrirse libremente al amor de Dios y corresponder con todo el ser a los dones recibidos de √©l, reconstruyendo de este modo en s√≠ mismo la imagen de Dios y, a la vez, cultivando la tierra y renovando la sociedad humana. En sus Instructiones dice: "Si el hombre utiliza rectamente las facultades que Dios ha concedido a su alma, entonces ser√° semejante a Dios. Recordemos que debemos devolverle todos los dones que ha depositado en nosotros cuando nos encontr√°bamos en la condici√≥n originaria. La manera de hacerlo nos la ha ense√Īado con sus mandamientos. El primero de ellos es amar al Se√Īor con todo el coraz√≥n, pues √©l nos am√≥ primero, desde el inicio de los tiempos, antes a√ļn de que vi√©ramos la luz de este mundo" (cf. Instr. XI). El santo irland√©s encarn√≥ realmente estas palabras en su vida. Hombre de gran cultura ¬óescribi√≥ tambi√©n poes√≠as en lat√≠n y un libro de gram√°tica¬ó, goz√≥ de muchos dones de gracia. Constructor incansable de monasterios, y tambi√©n predicador penitencial intransigente, dedic√≥ todas sus energ√≠as a alimentar las ra√≠ces cristianas de la Europa que estaba naciendo. Con su energ√≠a espiritual, con su fe y con su amor a Dios y al pr√≥jimo se convirti√≥ realmente en uno de los padres de Europa: nos muestra tambi√©n hoy d√≥nde est√°n las ra√≠ces de las cuales puede renacer nuestra Europa.



La veu de l'església
subir arriba
Este sitio utiliza cookies, puedes ver la política de cookies, aquí -
Política de cookies +