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ROMANO EL MELODA


(pendent de traducci√≥) Queridos hermanos y hermanas: En la serie de catequesis sobre los Padres de la Iglesia, quiero hablar hoy de una figura poco conocida: Romano el Meloda, que naci√≥ en torno al a√Īo 490 en Emesa (hoy Homs), en Siria. Te√≥logo, poeta y compositor, pertenece al gran grupo de te√≥logos que transform√≥ la teolog√≠a en poes√≠a. Pensamos en su compatriota, san Efr√©n de Siria, que vivi√≥ doscientos a√Īos antes que √©l. Y pensamos tambi√©n en te√≥logos de Occidente, como san Ambrosio, cuyos himnos todav√≠a hoy forman parte de nuestra liturgia y siguen tocando el coraz√≥n; o en un te√≥logo, un pensador muy profundo, como santo Tom√°s, que nos ha dejado los himnos de la fiesta del Corpus Christi de ma√Īana; pensamos en san Juan de la Cruz y en otros muchos. La fe es amor y por ello crea poes√≠a y crea m√ļsica. La fe es alegr√≠a y por ello crea belleza. Romano el Meloda es uno de estos, un poeta y compositor te√≥logo. Aprendi√≥ los primeros elementos de la cultura griega y sir√≠aca en su ciudad natal, se traslad√≥ a Berito (Beirut), perfeccionando all√≠ su formaci√≥n cl√°sica y sus conocimientos ret√≥ricos. Ordenado di√°cono permanente (en torno al a√Īo 515), fue predicador en esa ciudad durante tres a√Īos. Despu√©s se fue a Constantinopla, hacia fines del reino de Anastasio I (alrededor del a√Īo 518), y all√≠ se estableci√≥ en el monasterio anexo a la iglesia de la Theot√≥kos, Madre de Dios. All√≠ tuvo lugar un episodio clave en su vida: el Sinaxario nos informa sobre la aparici√≥n de la Madre de Dios en sue√Īos y sobre el don del carisma po√©tico. En efecto, Mar√≠a le pidi√≥ que se tragara una hoja enrollada. Al despertar, a la ma√Īana siguiente -era la fiesta de la Navidad-, Romano se puso a declamar desde el amb√≥n: "Hoy la Virgen da a luz al Trascendente" (Himno sobre la Navidad I, Proemio). De este modo, se convirti√≥ en predicador-cantor hasta su muerte (acontecida despu√©s del a√Īo 555). Romano ha pasado a la historia como uno de los m√°s representativos autores de himnos lit√ļrgicos. Para los fieles, la homil√≠a era entonces pr√°cticamente la √ļnica oportunidad de ense√Īanza catequ√©tica. As√≠, Romano se presenta como un testigo eminente del sentimiento religioso de su √©poca y tambi√©n de un modo vivo y original de catequesis. A trav√©s de sus composiciones podemos darnos cuenta de la creatividad de esta forma de catequesis, de la creatividad del pensamiento teol√≥gico, de la est√©tica y de la himnograf√≠a sagrada de aquella √©poca. El lugar en el que Romano predicaba era un santuario de las afueras de Constantinopla: sub√≠a al amb√≥n, colocado en el centro de la iglesia, y se dirig√≠a a la comunidad recurriendo a una escenograf√≠a bastante compleja: montaba representaciones en las paredes o pon√≠a iconos sobre el amb√≥n y tambi√©n utilizaba el recurso del di√°logo. Pronunciaba homil√≠as m√©tricas cantadas, llamadas kont√°kia. Al parecer, el t√©rmino kont√°kion, "peque√Īa vara", hace referencia al peque√Īo palo redondo en torno al cual se envolv√≠a el rollo de un manuscrito lit√ļrgico o de otro tipo. Los kont√°kia que se han conservado con el nombre de Romano son ochenta y nueve, pero la tradici√≥n le atribuye mil. En Romano, cada kont√°kion se compone de estrofas, por lo general de dieciocho a veinticuatro, con el mismo n√ļmero de s√≠labas, estructuradas seg√ļn el modelo de la primera estrofa (irmo); tambi√©n los acentos r√≠tmicos de los versos de todas las estrofas siguen el modelo del irmo. Cada estrofa concluye con un estribillo (efimnio), por lo general id√©ntico, para crear la unidad po√©tica. Adem√°s, las iniciales de cada estrofa indican el nombre del autor (acr√≥stico), precedido frecuentemente por el adjetivo "humilde". El himno se concluye con una oraci√≥n que hace referencia a los hechos celebrados o evocados. Al terminar la lectura b√≠blica, Romano cantaba el Proemio, casi siempre en forma de oraci√≥n o s√ļplica. As√≠ anunciaba el tema de la homil√≠a y explicaba el estribillo que se deb√≠a repetir en coro al final de cada estrofa, declamada por √©l r√≠tmicamente en voz alta. Un ejemplo significativo es el kont√°kion con motivo del Viernes de Pasi√≥n: se trata de un di√°logo entre Mar√≠a y su Hijo, que tiene lugar en el camino de la cruz. Mar√≠a dice: "¬ŅA d√≥nde vas, hijo? ¬ŅPor qu√© recorres tan r√°pidamente el camino de tu vida? / Nunca habr√≠a pensado, hijo m√≠o, que te ver√≠a en este estado, / y nunca habr√≠a podido imaginar que llegar√≠an a este grado de locura los imp√≠os, / poni√©ndote las manos encima contra toda justicia". Jes√ļs responde: "¬ŅPor qu√© lloras, Madre m√≠a? (...). ¬ŅNo deber√≠a padecer? ¬ŅNo deber√≠a morir? / Entonces, ¬Ņc√≥mo podr√≠a salvar a Ad√°n?". El Hijo de Mar√≠a consuela a su Madre, pero le recuerda su papel en la historia de la salvaci√≥n: "Dep√≥n, por tanto, Madre; dep√≥n tu dolor: / no est√° bien que gimas, pues fuiste llamada "llena de gracia"" (Mar√≠a al pie de la cruz, 1-2; 4-5). Asimismo, en el himno sobre el sacrificio de Abraham, Sara se reserva la decisi√≥n sobre la vida de Isaac. Abraham dice: "Cuando Sara escuche, Se√Īor m√≠o, todas tus palabras, / al conocer tu voluntad, me dir√°: / "Si quien nos lo ha dado lo vuelve a tomar, ¬Ņpor qu√© nos lo ha dado? / (...) T√ļ, oh anciano, d√©jame a mi hijo, / y cuando lo quiera quien te ha llamado, tendr√° que dec√≠rmelo a m√≠"" (El sacrificio de Abraham, 7). Romano no usa el griego bizantino solemne de la corte, sino un griego sencillo, cercano al lenguaje del pueblo. Quiero citar un ejemplo del modo vivo y muy personal como habla del Se√Īor Jes√ļs: lo llama "fuente que no quema y luz contra las tinieblas", y dice: "Yo me atrevo a tenerte en mis manos como una l√°mpara, / pues quien lleva un candil entre los hombres es iluminado sin quemarse. / Ilum√≠name, por tanto, t√ļ que eres Luz inextinguible" (La Presentaci√≥n o Fiesta del encuentro, 8). La fuerza de convicci√≥n de sus predicaciones se fundaba en la gran coherencia que exist√≠a entre sus palabras y su vida. En una oraci√≥n dice: "Haz clara mi lengua, Salvador m√≠o, abre mi boca / y, despu√©s de llenarla, traspasa mi coraz√≥n para que mi actuar / sea coherente con mis palabras" (Misi√≥n de los Ap√≥stoles, 2). Examinemos ahora algunos de sus temas principales. Un tema fundamental de su predicaci√≥n es la unidad de la acci√≥n de Dios en la historia, la unidad entre la creaci√≥n y la historia de la salvaci√≥n, la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Otro tema importante es la pneumatolog√≠a, es decir, la doctrina sobre el Esp√≠ritu Santo. En la fiesta de Pentecost√©s subraya la continuidad que existe entre Cristo, que ha ascendido al cielo, y los Ap√≥stoles, es decir, la Iglesia, y exalta su acci√≥n misionera en el mundo: "Con la fuerza divina han conquistado a todos los hombres; / han tomado la cruz de Cristo como una pluma, / han utilizado las palabras como redes y con ellas han pescado al mundo, / han usado el Verbo como anzuelo agudo; / para ellos ha servido de cebo / la carne del Soberano del universo" (Pentecost√©s, 2; 18). Naturalmente, otro tema central es la cristolog√≠a. No entra en el problema de los conceptos dif√≠ciles de la teolog√≠a, tan debatidos en aquel tiempo, y que rasgaron la unidad, no s√≥lo entre los te√≥logos, sino tambi√©n entre los cristianos en la Iglesia. Predica una cristolog√≠a sencilla, pero fundamental: la cristolog√≠a de los grandes Concilios. Pero sobre todo est√° cerca de la piedad popular ¬óde hecho, los conceptos de los Concilios han surgido de la piedad popular y del conocimiento del coraz√≥n cristiano¬ó; as√≠, Romano subraya que Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios, y al ser verdadero hombre-Dios es una sola persona, la s√≠ntesis entre creaci√≥n y Creador: en sus palabras humanas escuchamos la voz del Verbo mismo de Dios. "Cristo era hombre ¬ódice¬ó, pero tambi√©n Dios; / sin embargo, no estaba dividido en dos: es Uno, hijo de un Padre que es Uno solo" (La Pasi√≥n, 19). Por lo que se refiere a la mariolog√≠a, agradecido a la Virgen por el don del carisma po√©tico, Romano la recuerda al final de casi todos los himnos y le dedica sus kont√°kia m√°s hermosos: Natividad, Anunciaci√≥n, Maternidad divina, Nueva Eva. Por √ļltimo, las ense√Īanzas morales est√°n relacionadas con el juicio final (cf. Las diez v√≠rgenes [II]). Nos lleva hacia ese momento de la verdad de nuestra vida, la comparecencia ante el Juez justo, y por ello exhorta a la conversi√≥n haciendo penitencia y ayuno. De modo positivo, el cristiano debe practicar la caridad, la limosna. En dos himnos, Las Bodas de Can√° y Las diez v√≠rgenes, pone de relieve el primado de la caridad sobre la continencia. La caridad es la m√°s grande de las virtudes: "Diez v√≠rgenes pose√≠an la virtud de la virginidad intacta, / pero para cinco de ellas el duro ejercicio no dio fruto. / Las otras brillaron con las l√°mparas del amor a la humanidad, / por eso las invit√≥ el esposo" (Las diez v√≠rgenes, 1). Los cantos de Romano el Meloda est√°n impregnados de humanidad palpitante, de ardor de fe y de profunda humildad. Este gran poeta y compositor nos recuerda todo el tesoro de la cultura cristiana, nacida de la fe, nacida del coraz√≥n que se ha encontrado con Cristo, con el Hijo de Dios. De este contacto del coraz√≥n con la Verdad, que es Amor, ha nacido la cultura, toda la gran cultura cristiana. Y si la fe sigue viva, esta herencia cultural no muere, sino que sigue viva y presente. Los iconos siguen hablando hoy al coraz√≥n de los creyentes; no son cosas del pasado. Las catedrales no son monumentos medievales, sino casas de vida, donde nos sentimos "en casa": en ellas encontramos a Dios y nos encontramos los unos con los otros. Tampoco la gran m√ļsica ¬óel canto gregoriano, o Bach o Mozart¬ó es algo del pasado, sino que vive en la vitalidad de la liturgia y de nuestra fe. Si la fe es viva, la cultura cristiana no se convierte en algo "pasado", sino que sigue viva y presente. Y si la fe es viva, tambi√©n hoy podemos responder al imperativo que siempre se repite en los Salmos: "Cantad al Se√Īor un c√°ntico nuevo". Creatividad, innovaci√≥n, c√°ntico nuevo, cultura nueva y presencia de toda la herencia cultural en la vitalidad de la fe no se excluyen, sino que son una sola realidad: son presencia de la belleza de Dios y de la alegr√≠a de ser hijos suyos.



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