Fecha: 18 de enero de 2026

Cuando Ara Malikian toca, el violín no es solo sonido: es movimiento. Su cuerpo dibuja cada compás; el paso, la pausa y el arco convierten la melodía en vida. Así imagino el ecumenismo bajo el lema de este año: Un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como una es la esperanza a la cual habéis sido convocados (Ef 4,4). No es un eslogan: es una coreografía del Espíritu donde el Cuerpo de Cristo aprende a respirar unido, a hacer de la diferencia un acento que enriquece.

La unidad no es inmovilidad sino polifonía en movimiento. Como en un concierto, donde los diversos timbres se buscan y se abrazan, nuestras tradiciones pueden encontrar un tempo común, la esperanza. Cuando la fe se deja conducir por el ritmo del Espíritu, la diversidad no compite, dialoga. Es la belleza del “contratiempo” como la que Malikian transforma en gracia, aquello que parecía choque se vuelve armonía.

Olivier Clément hablaba de un ecumenismo de la amistad: la verdad que se hace bella porque se hace caridad; la proximidad que afina más que mil discursos. Amistad quiere decir escuchar hasta que el otro ya no suena “extraño”, sino necesario. En la amistad, la unidad deja de ser meta lejana y se vuelve música compartida: un canto sencillo, un silencio fecundo, un gesto de confianza.

Que el Cuerpo de Cristo en Sant Feliu de Llobregat se mueva como aquel violín que atraviesa el aire con libertad: adelante, hacia el otro, hacia el pueblo que espera signos de comunión. Respiramos con dos pulmones en la Iglesia, Oriente y Occidente, porque la misma esperanza que es Cristo nos hace sonar juntos. Cuando la Iglesia se deja llevar por este movimiento, el templo acontece escenario de reconciliación, y las ciudades, auditorios de esperanza. Y cuando las palabras callan, que hable la confianza. Como decía el hermano Roger de Taizé: «Dios es amor. Si solo pudiéramos comprender estas tres palabras, iríamos muy lejos, muy lejos». «Dios solo puede amar».

Si como cristianos respirásemos en un solo cuerpo y en un solo Espíritu, como el arco de Ara Malikian cuando hace vibrar todas las cuerdas en el violín, nuestra esperanza se volvería audible.