Fecha: 22 de febrero de 2026
La Cuaresma llega cada año como puerta abierta a la renovación personal y espiritual. Lejos de ser sólo un período de privaciones, se nos presenta como una oportunidad de actuación en nuestro interior, una ocasión de verdadera sanación, una oportunidad para detenernos, para escanear nuestro interior y comprobar el estado de nuestro corazón y recuperar así la plenitud de nuestra vocación de hijos de Dios y de nuestra vida cristiana por tanto .
Los cristianos vivimos en este mundo una lucha constante, un combate diario, y Jesús quiso experimentar también esa lucha y ser tentado . En el momento actual , las dificultades y los obstáculos que se nos presentan son evidentes y persistentes . Las tentaciones modernas pueden ser no sólo el mundo, el demonio y la carne como se decía antes, sino versiones más actualizadas de las tentaciones de siempre : el deseo de dinero, el ansia el poder y de dominio, el control del pensamiento y de los sentimientos, el individualismo, el fácil éxito, vivir con superficialidad. Son tentaciones que a menudo nos alejan de Dios, de nosotros mismos y de los demás . Estas fuerzas pueden hacernos perder el equilibrio, empobreciendo nuestra salud interior, encerrándonos en nosotros mismos y dificultando nuestra capacidad de amar y servir.
El Papa León, en su propuesta para la Cuaresma, nos invita a unas actitudes que pueden ayudarnos , que pueden ser medicinales para nuestra salud espiritual: escuchar y practicar el ayuno. Escuchar a los demás, sobre todo la Palabra de Dios, lo que él nos dice a través de la Sagrada Escritura pero también en los eventos de la vida. Y el ayuno aunque con una mirada nueva: abstenernos, sobre todo, de palabras que pueden hacer daño, dice Pap a, de juicios, de hablar mal de quienes están ausentes. Este “ayuno de palabras nocivas” nos empuja a ser más conscientes de cómo hablamos y del impacto que tenemos en los demás.
En este camino el Papa León nos dice también que la amabilidad es fundamental . Cuidar la forma en que nos relacionamos y sembrar pequeños gestos de amor y respeto puede transformar profundamente la calidad de nuestra vida cristiana y hacer más agradable la de los que nos rodean. A menudo, son estas pequeñas acciones -una palabra amable, una mirada comprensiva, un silencio respetuoso, una sonrisa, una mano tendida para ayudar- las que pueden dar luz y sentido a nuestra vida ya la de los hermanos.
Así pues , la Cuaresma es una llamada a vivir con más plenitud y autenticidad, a vivir con verdadera salud espiritual, superando los obstáculos que nos separan de los demás y de Dios. Si cada día hacemos el esfuerzo de cultivar la amabilidad , no por quedar bien, no por que somos educados, sino por cariño sincero, nuestra comunidad cristiana se convertirá en un espacio de salud, de alegría y de esperanza compartida.


