Fecha: 12 de abril de 2026

Cada vez más en nuestra sociedad se está tomando conciencia de la importancia de cuidar a los cuidadores, de cuidar y acompañar a las personas que se dedican a los demás, especialmente de forma altruista, como voluntarios, dedicando tiempo y esfuerzos y también un cierto desgaste emocional en el servicio que realizan.

En la Iglesia el voluntariado se contempla desde la vertiente del compromiso cristiano. Por el bautismo, todos los cristianos estamos llamados a la santidad, al apostolado y al servicio de los demás. Es decir, a un compromiso que nace de la llamada que hemos recibido. El amor de Dios es lo que nos empuja a darnos a los demás, a hacernos prójimos de cada persona, especialmente de aquellos que pasan necesidad, no como una obligación o un imperativo moral, sino como un acto de amor y entrega, de generosidad.

Desde esta perspectiva, es necesario agradecer la gran cantidad de personas que dedican su tiempo a esta misión en las parroquias, en los movimientos e instituciones eclesiales. Me refiero a los catequistas de las parroquias, a los animadores de grupos de jóvenes, a los matrimonios que se dedican a la preparación del bautismo o del matrimonio, a las personas que visitan a los enfermos en los hogares particulares, en los hospitales o los centros de día, los voluntarios que ayudan en las sacristías o atendiendo a las personas en los templos, los voluntarios de Cáritas, Manos Unidas, Justicia y Paz, etc. Es evidente que nos necesitamos todos, los unos a los otros.

La vida y la acción de la Iglesia se lleva a cabo con la colaboración de tantas personas que hacen de su tiempo libre un servicio para los demás cuando han terminado la jornada laboral y en lugar de disfrutar de un merecido descanso se dedican al anuncio del Evangelio, la preparación de las celebraciones o el acompañamiento de personas necesitadas.

En los evangelios vemos que Jesús iba por toda Palestina acompañado de discípulos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que le ayudaban y que él enviaba a veces también a predicar.

Hay que recordar hoy a dos de estos colectivos que próximamente celebrarán sus jornadas y encuentros. Me refiero a los visitadores de enfermos y a los voluntarios de Cáritas. El próximo sábado 25 de abril tendremos el 18º “Aplec” con enfermos en el Santuario de la Virgen de la Salud, y el mismo día 25 el Encuentro Diocesano de voluntarios de Cáritas en la escuela Sant Lluis Gonçaga de La Garriga.

Unos y otros son el rostro más cercano de una Iglesia que debe estar al lado de quienes sufren por cualquier causa, ya sea porque su avanzada edad ha mermado sus fuerzas y capacidades o porque las circunstancias de la vida o la coyuntura económica y social no favorece la capacidad de salirse de una situación de precariedad.

En este tiempo de Pascua, agradezco una vez más la dedicación de tantos cristianos para hacer presente el amor de Dios y ayudar a hacer nuestro mundo un poco mejor. Y les animo a seguir colaborando y a hacerlo a aquellos que todavía no han hecho esta experiencia.