Fecha: 19 de abril de 2026
Los primeros domingos de Pascua nos presentan a Jesús resucitado entrando en comunidades cerradas y encontrándose con personas heridas. Los discípulos viven con el corazón encogido, y Jesús, antes de cualquier reproche por sus negaciones o fugas, les muestra las llagas y les dice: «Paz a vosotros». No es un simple consuelo; es a la vez el don del perdón y la reconciliación, una misión y un criterio de discernimiento. La paz del Resucitado es la fuerza que sostiene nuestra historia.
Este año, estas palabras resuenan con una gravedad especial. Vivimos tiempos marcados por guerras que parecen no tener fin, por víctimas y poblaciones agotadas y por una retórica internacional o en las redes que a menudo alimenta la confrontación más que el diálogo. El papa León XIV nos ha recordado más de una vez que «ninguna guerra es digna de Dios ni del ser humano» y que «la paz cristiana nace del corazón atravesado de Cristo, no de la arrogancia de los poderosos». Son palabras que deberían guiar la conciencia de los creyentes y también la responsabilidad política.
El Resucitado muestra las llagas, la paz cristiana no se fundamenta en el olvido del dolor, sino en la transformación del mal por el amor. Sus manos heridas son un grito contra la indiferencia que banaliza la violencia. Como escribía Etty Hillesum, «a cada uno de nosotros le toca desarmar un pequeño rincón de su corazón». También esto es Pascua: desarmar primero el interior, para poder desarmar al mundo.
El teólogo Timothy Radcliffe dice que «sólo la vulnerabilidad compartida nos permite ser hermanos». Y la filósofa francesa Chantal Delsol insiste en que Europa sólo será fiel a sí misma si vuelve a su fundamento evangélico de reconciliación y responsabilidad.
En medio de tantos conflictos, Pascua nos obliga a hacernos preguntas: ¿Vivo con paz? ¿Hay paz a mi alrededor? ¿De dónde viene mi paz? ¿Es una paz construida sobre comodidades, silencios y distancias? ¿O es la paz del Resucitado, que transforma los miedos y los pecados y nos libera para trabajar por el bien común?


