Fecha: 26 de abril de 2026
En pleno corazón de la primavera, en nuestro país celebramos las fiestas de los dos patronos: san Jordi y la Virgen de Montserrat. Ambas celebraciones tienen un gran significado social y religioso y comportan, además, un componente emocional especial para determinadas generaciones. Coincidiréis conmigo, sin embargo, en que la fiesta de san Jordi, a causa del día del libro, de la multitudinaria ofrenda de rosas a las personas queridas y de las múltiples actividades culturales, es vivida por la ciudadanía en general como una fiesta global, y menos sentida como día de patronazgo cristiano, que queda más concentrado en algunas capillas, iglesias y ermitas.
Por otra parte, en lo que respecta a la celebración de la patrona de Cataluña, la Virgen de Montserrat, sucede más bien lo contrario: hay poca celebración ciudadana y mucha más vivencia en el ámbito cristiano y de la fe. Se han hecho tradicionales las numerosas parroquias y entidades que, a lo largo del año, peregrinan a Montserrat. Asimismo, uno de los elementos que difunden su conocimiento es la existencia en todo el país de sedes de la Cofradía de la Virgen de Montserrat, de la que hace tres años celebramos el 800.º aniversario, culminado con una peregrinación a Roma en octubre de 2023. Se trata de una amplia red de personas que se acogen a su protección y que fomentan numerosas actividades litúrgicas, históricas y sociales a su alrededor. Además, en este último año, en el que hemos celebrado el milenario de la fundación del monasterio benedictino, la presencia de la Cofradía se ha revitalizado en no pocos lugares: se ha actualizado o ha renacido en algunos sitios, como en la catedral de Tarragona, e incluso se han creado de nuevas.
En conjunto, en nuestra diócesis existe presencia de la imagen y del culto a la Virgen de Montserrat en la mayoría de las parroquias, así como en numerosas iglesias y ermitas.
El pueblo catalán, de profundas raíces cristianas, ha conservado sus devociones —especialmente la de Montserrat— precisamente gracias a este «hacer país» al amparo de las fiestas mayores, los votos de pueblo y los patronazgos. El documento Raíces cristianas de Cataluña, de 1985, destacaba Montserrat como uno de los santuarios que han marcado profundamente la piedad y la identidad colectiva de nuestra tierra. Somos un pueblo que ha sabido conservar, hasta hoy, el sentido del patronazgo. Y no es casual que este talante haya marcado diversas generaciones y ofrezca todavía hoy un campo fecundo para trabajar la identidad y la fe, tanto de quienes se han alejado de ella o la desconocen, como de personas recién llegadas que descubren la fuerza espiritual de la Moreneta, del monasterio y de su arraigo en el país.
En este contexto, las fiestas de san Jordi y de la Virgen de Montserrat son una oportunidad privilegiada para repensar la relación entre cultura, identidad y fe. El reto actual es este: que aquello que celebramos colectivamente no quede reducido a un gesto cultural o festivo, sino que se convierta en una puerta abierta a la interioridad, a la memoria viva de la fe y al descubrimiento de un Dios que sigue caminando con su pueblo.
Vuestro,


