Fecha: 26 de abril de 2026
Como cada vez más gente busca respuestas en pantallas, he preguntado a una inteligencia artificial: «¿Podrá la IA sustituir en el futuro a los sacerdotes?» La respuesta ha sido: no (gracias a Dios).
El cristianismo es la religión del cuerpo. La Encarnación y la Pascua nos lo recuerdan: Dios salva acercándose, tocando, mirando a los ojos. La fe no es un manual; es un encuentro de cuerpo a cuerpo, de corazón a corazón. Porque el amor no se descarga, se ofrece y se comparte.
Ningún algoritmo, por sofisticado que sea, puede sostener o acompañar a un enfermo o a un preso, ni celebrar con alegría proyectos de vida; no puede bendecir ni abrazar en un duelo; no puede escuchar con misericordia una vida herida y abrirla al perdón. No puede partir el Pan con una comunidad querida ni hacer presente al Señor como don. Cuando Dios llama, no lo hace a través de un algoritmo, convoca personas, testigos, gente que se juega la vida por amor.
El papa León XIV nos recuerda que toda vocación es el «descubrimiento interior del don de Dios» y que, para reconocerlo, hacen falta contemplación e interioridad. Cambiemos, pues; pasemos del algoritmo a un cambio de ritmo: más oración, menos pantallas; más Palabra, menos huidas; más confianza y relaciones auténticas. Si queremos encontrar nuestro camino, entremos con Cristo en el silencio, adoremos, dejémonos acompañar.
Necesitamos sacerdotes que hagan visible al «buen Pastor » (Jn 10,11), que anuncien el Evangelio, celebren los sacramentos y cuiden al pueblo con el oficio del amor. Sacerdotes que se conviertan en puentes entre cielo y tierra, entre las personas y la comunidad de creyentes, no muros; que escuchen con el corazón y hagan de la Iglesia una casa para todos.
Esta Jornada nos invita a desacelerar y a rezar con un lema: Recemos todos por todos. Porque el cristiano vive la vida como entrega, todos somos para todos. Recemos por los jóvenes que buscan sentido, por nuestros futuros seminaristas a quienes Dios ya está hablando, por los sacerdotes mayores que esperan relevo y compañeros de camino.
Que no sea la IA quien nos ordene la vida, sino el Espíritu Santo. Y que la respuesta sea sencilla y valiente: «Me fío».


