Fecha: 31 de mayo de 2026

Los viajes del Papa tienen un significado especial y único. No es la visita de un jefe de Estado o la de un líder religioso a una comunidad determinada. Acoger al Santo Padre es acoger a Pedro, aquel apóstol que Jesús puso como cabeza de los doce, como primera piedra de su Iglesia. Por eso es un acontecimiento que debe marcar y dejar huella en la vida de las personas y de los pueblos.

Los más mayores recordamos todavía la visita que hizo San Juan Pablo II en 1982, la primera de un papa a nuestras tierras. Recordamos la energía con la que nos habló en los distintos lugares donde estuvo. Su mensaje todavía puede encontrarse en las redes sociales, dirigiéndose a los jóvenes, a los trabajadores, a los peregrinos en Montserrat en un día de intensa lluvia. Los católicos salimos fortalecidos en nuestra fe y en el impulso por la nueva evangelización, y esto es lo que debe producirse también ahora en nosotros.

Posteriormente muchos más todavía tenemos grabada la presencia del papa Benedicto XVI en 2010 entrando en la basílica de la Sagrada Familia, admirando la belleza y majestuosidad de una obra humana dirigida a Dios, realizada por un genio de la arquitectura y de la fe. Ésta fue una visita más breve, centrada en la Dedicación del templo, con unas imágenes magníficas de la celebración que dieron la vuelta al mundo. Las palabras del pontífice confirmaron nuestra fe y nos hicieron más conscientes de las riquezas que tenemos al servicio de la fe y la evangelización.

Ahora, en este año 2026, será el papa León XVI el que pisará dentro de pocos días nuestra tierra, forjada con la fe de tantos cristianos a lo largo de casi dos mil años. Tenemos la oportunidad de abrir nuestros corazones a su palabra, a su proximidad, y de proclamar también nosotros: «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Salmo 118, 26), porque es Él, el Señor, sin duda el que lo envía.

Las celebraciones que presidirá en Barcelona y las visitas y reuniones que realizará entre nosotros así como las que tendrán lugar en Madrid y en las islas Canarias confirmarán nuestra fe y la comunión en la Iglesia presidida por el sucesor de Pedro, principio de unidad entre los católicos de todo el mundo. La imagen icónica de la Sagrada Família será expresión de la catolicidad que viviremos estos días. El templo expiatorio es imagen de una Iglesia abierta al mundo, que acoge a todos y alza la mirada hacia Dios, hacia la cruz del Señor a través de la cual nos ha redimido y nos ha salvado.

Os invito a disponer nuestros corazones para recibir a quien viene en nombre del Señor. Tanto si podemos participar en alguno de los actos, como si lo seguimos a través de las retransmisiones que ofrecerán los medios de comunicación, somos invitados a prepararnos espiritualmente y con nuestra oración, renovando nuestra fe en la Iglesia y nuestra adhesión a aquél que el Señor ha escogido para guiar su barca, esta gran familia de la que formamos parte.