Fecha: 12 de julio de 2026

El miércoles 10 de junio pasado fue un día memorable y entrañable para todos. Por segunda vez en la historia, un Papa peregrinaba a los pies de la Virgen de Montserrat. Muchos fieles, entre ellos yo mismo, se reunieron en la montaña santa, otros lo siguieron con devoción a través de los medios de comunicación.

Las palabras del Santo Padre pronunciadas en la basílica después del rezo del rosario fueron una invitación para todos los que vivimos en esta tierra mariana. El Papa León nos recordaba las palabras de María en el evangelio de san Juan, en el contexto de las bodas de Caná: “Haced todo lo que Él os diga” (Jn 2,25). Y como nos recordó el pontífice, “la voluntad de Jesús es clara: “esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn 15,17).

Como hace en otras ocasiones, el Papa reflexionó a partir de elementos externos y visuales para hacernos llegar un mensaje de profundidad, en esta ocasión comentando la imagen de la Virgen de Montserrat, con el Niño en su regazo, despojado de armaduras y seguridades humanas y sosteniendo ella la bola del mundo, mostrando su cuidado maternal sobre la humanidad porque «el mundo entero tiene cabida en su corazón.»

El Papa, desde la montaña santa de Montserrat, nos ha ayudado a reflexionar sobre dos de los elementos más repetidos en su mensaje: la unidad y la paz. Respecto a la unidad, nos ha invitado a levantar la mirada a María para levantar la mirada de la misericordia y el amor, y entonces trabajar por la reconciliación «que desenmascara la violencia que se puede esconder en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide». Toda una invitación a revisarnos personal y comunitariamente sobre las actitudes que tenemos hacia otros, y de este modo ayudar a tejer verdaderos vínculos de proximidad, a rehacer las relaciones de unos hacia otros, a revisar en nuestras comunidades cristianas, en los grupos y asociaciones cómo ponemos práctica estas palabras del sucesor de Pedro en el momento actual. Si los cristianos debemos hacer presente la Luz de Cristo en el mundo, debemos dar pasos de verdadera conversión.

Y levantar la mirada a María es alzar también la mirada de la paz. El Papa ha hecho un ruego a la Virgen María que también nos podemos hacer bien nuestro: “que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias”. Son expresiones que ha utilizado en varias ocasiones para mostrarnos que la verdadera paz comienza más cerca de nosotros de lo que pensamos, porque comienza en cada uno, en su interior y sus actitudes. Y desde aquí debe llegar a los diferentes ámbitos y ambientes en los que estamos y nos movemos, al amor en la familia, la relación entre los amigos, en el lugar de trabajo, en la presencia en las redes sociales, en los debates y los compromisos sociales y políticos, etc.

Que la Virgen María, Madre nuestra, desde su trono en Montserrat, nos ayude a levantar nuestros corazones para que muchas miradas puedan levantarse también a Dios.