Fecha: 20 de septiembre de 2026
Queridos amigos y amigas:
En un mundo a veces marcado por el individualismo, la división y la injusticia, san Francisco de Asís sigue señalando la fuente verdadera de la paz: Jesucristo, muerto y resucitado por amor. Su figura se nos ofrece como un Evangelio vivo que interpela al corazón de la Iglesia y del mundo, abriéndonos las puertas de lo esencial: la fraternidad, la pobreza y la reconciliación como hoja de ruta de nuestra vida.
En el octavo centenario del feliz tránsito del poverello de Asís a la patria celestial, el papa León XIV ha proclamado un Año Especial de San Francisco por los 800 años de su partida a la Casa del Padre. Así, hasta enero de 2027, mediante las condiciones habituales (Confesión sacramental, Comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y peregrinación a una iglesia franciscana o a un templo dedicado a san Francisco de Asís en cualquier parte del mundo), se puede obtener esta gracia para vivir reconciliados con Dios. Los ancianos y los enfermos pueden obtenerla, también, uniéndose espiritualmente y ofreciendo sus sufrimientos.
En nuestra diócesis de Tortosa celebraremos este Jubileo Franciscano el domingo, 4 de octubre. Este día en el que conmemoramos el natalicio de este santo de la pobreza y la alegría, la solemnidad tendrá lugar en la parroquia de San Francisco de Asís, en JesúsTortosa, así como en los monasterios de las clarisas de Tortosa y de la Divina Providencia, en Vinaròs.
Quisiera animar a toda la diócesis a participar tanto en este encuentro como en cada uno de los signos que ofrece el aniversario, pues este Año Jubilar se convierte en una oportunidad de gracia, donde la Iglesia abre —de modo particular— el tesoro de las indulgencias plenarias como signo de la misericordia de Dios que restaura, purifica y renueva el corazón del creyente.
Es, también, una ocasión privilegiada para dar gracias a Dios por el don inmenso de la familia franciscana en la vida de la Iglesia. A cada uno de los hermanos y hermanas les expreso mi reconocimiento, cercanía y gratitud.
Dejémonos contagiar por su espíritu, participando con entusiasmo en las celebraciones, para que el carisma franciscano siga dando fruto en nuestras comunidades. Y que el Señor nos conceda vivir lo que san Francisco pedía con toda el alma: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz», para que nuestra diócesis sea siempre casa de fraternidad, alegría y misericordia.


