Fecha: 27 de septiembre de 2026
En la vida de la Iglesia es cada vez más habitual que la presencia del Espíritu se manifieste de manera silenciosa y discreta, dejándose sentir como una brisa suave, delicada y persistente, o como «el susurro de una brisa suave», según encontramos escrito en la experiencia profética de Elías en el monte Horeb (1 Re 19,12). Pues bien, esta experiencia inspira profundamente el título de una nueva Exhortación pastoral que ofrezco a todos los diocesanos: La suave brisa del Espíritu. No se trata únicamente de una expresión poética o simbólica, sino de una clave de lectura espiritual y eclesial que puede ayudarnos a comprender la vida de la Iglesia en nuestro contexto histórico y pastoral. Esta presencia discreta y profunda del Espíritu es la que hemos podido percibir en la reciente visita pastoral del papa León XIV a nuestras tierras. Su tono suave y pausado no ha sido signo de inacción, sino, por el contrario, de reflexión serena y de contemplación profunda de nuestra realidad pastoral, a la luz del Espíritu.
La Archidiócesis de Tarragona, heredera de una tradición apostólica y martirial casi bimilenaria, vive hoy los desafíos propios de nuestra sociedad, con una necesidad urgente de renovar el anuncio del Evangelio. En medio de este complejo escenario, el Espíritu continúa actuando. Su brisa suave suscita inquietudes, procesos de renovación, nuevas sensibilidades pastorales y un deseo sincero de fidelidad a Jesucristo y a la misión confiada a la Iglesia.
La nueva Exhortación pastoral quiere situarse precisamente en un horizonte de discernimiento. Su reflexión nace de la convicción de que la Iglesia no vive únicamente de la añoranza del pasado ni de la simple gestión del presente, sino de la capacidad de escuchar lo que el Espíritu dice a las comunidades cristianas (cf. Ap 2-3). Por ello, el recorrido que en ella se presenta parte de dos grandes hitos eclesiales que han marcado profundamente la vida de la Iglesia contemporánea y, de manera particular, la de las diócesis con sede en Cataluña: el Concilio Vaticano II y el Concilio Provincial Tarraconense de 1995.
Pero no nos limitamos a una aproximación histórica o doctrinal a ambos concilios. Precisamente a su luz, el Espíritu continúa abriendo perspectivas pastorales concretas, como las siguientes: la centralidad de la vocación en una Iglesia toda ella vocacional; el catecumenado y el bautismo de adultos como acción evangelizadora; la formación sólida y permanente de todo bautizado; el fomento de una verdadera experiencia de diocesanidad; la progresiva implantación de la Acción Católica General como escuela de vida y de misión; la incorporación progresiva de laicos y laicas con misión pastoral como intuición eclesiológica. Naturalmente, estas propuestas deberán llevarse a la práctica sin olvidar que la sinodalidad ha de convertirse en una especie de eje transversal del quehacer y de la actuación de la comunidad eclesial.
Que esta nueva Carta o Exhortación pastoral, que será presentada el próximo sábado en el Seminario, en el marco del envío pastoral, sea una invitación al discernimiento, a la escucha del Espíritu y a la esperanza. Que la brisa suave del Espíritu nos conduzca hacia una Iglesia más misionera, más fraterna y más fiel al Evangelio de Jesucristo.
Vuestro,


