Fecha: 18 de octubre de 2026

Mañana, lunes 19 de octubre, celebraremos, como cada año, la solemnidad de la Virgen de la Salud, patrona de la diócesis de Terrassa. Es una advocación de María que nos recuerda su presencia maternal y su constante intercesión en nuestra vida. Una advocación extendida también por todo el mundo porque en ella encontramos a una madre que nos acompaña, que escucha nuestras plegarias y que nos ayuda a andar con confianza, especialmente en los momentos de dificultad, de enfermedad, de sufrimiento y de incertidumbre.

Cuando nos dirigimos a María con el nombre de Nuestra Señora de la Salud, no le pedimos únicamente la salud del cuerpo, sino también, y muy especialmente, la salud del espíritu, la paz del corazón y la fuerza interior para afrontar las dificultades de cada día. Porque la verdadera Salud es la que ella lleva en brazos, su hijo, Jesucristo, el hijo de Dios que es el Camino, la Verdad y la Vida y que ella ofrece al mundo. A su vez se ofrece también a todos nosotros como Madre y nos abraza como hijos suyos.

A lo largo de su vida, la Virgen María supo acoger el amor de Dios, su gracia. Aceptó la voluntad del Señor incluso cuando no la comprendía del todo. Su «Sí» en el anuncio del ángel fue un acto de fe, de generosidad y de entrega. Confió en Dios sin tener todas las respuestas y puso su vida al servicio del proyecto de amor que Él le proponía. También nosotros estamos llamados a vivir así, como ella vivió, porque los hijos aprenden de sus madres. En una sociedad marcada a menudo por las prisas, las preocupaciones, la soledad y los miedos, María nos enseña a detenernos, a escuchar la Palabra de Dios y confiar en su presencia. Nos recuerda que no estamos solos, que Dios está a nuestro lado y que siempre podemos encontrar en Él una fuente de consuelo y de esperanza.

El evangelio nos presenta a María como una mujer atenta a las necesidades de los demás. En las bodas de Caná, por ejemplo, se da cuenta de que falta el vino e interviene con discreción y sensibilidad. Sus palabras a Jesús: “No tienen vino”, y su recomendación a los servidores: “Haced todo lo que Él os diga”, siguen resonando hoy en nosotros y para nosotros. Éste es también el mensaje que nos dirige hoy la Virgen de la Salud: vivir atentos a los demás, a sus necesidades y confiando en Jesús, escucharle y poner en práctica su Evangelio.

Su maternidad nos invita, pues, a cuidar a los que sufren. No podemos celebrar a María y olvidar a los enfermos, a las personas mayores, a los que viven solos, a las familias que pasan dificultades o a aquellos que cargan en silencio sus preocupaciones. La devoción a la Virgen María no puede quedar en un sentimiento interior. Debe convertirse en gestos concretos de ternura, de proximidad, de acompañamiento y de solidaridad. Pedir la salud para los demás significa también comprometernos a ser instrumentos de salud, de paz y de vida.

Este domingo, en la Catedral de Terrassa, serán ordenados cuatro nuevos sacerdotes, como ya el pasado domingo fueron ordenados otros cuatro. Damos gracias a Dios por estos ocho nuevos presbíteros. Le damos gracias a Él que es el que vivifica y hace crecer su Cuerpo que es la Iglesia; y encomendamos a María sus vidas y ministerios así como la de todos los sacerdotes de nuestras diócesis y de toda la Iglesia. Ponemos bajo su protección a nuestras familias, nuestras comunidades y todo nuestro pueblo, especialmente los que más sufren, física o espiritualmente, los profesionales de la salud y todas aquellas personas que dedican su vida a cuidar a los demás. Pidámosle que nos ayude a mantener la fe en los momentos difíciles, que nos dé fortaleza ante las pruebas y que nos enseñe a vivir con un corazón abierto y generoso. Y que, bajo su mirada maternal, podamos descubrir cada día que la Salud más profunda nace del amor, la fe y la confianza en Dios.