Fecha: 25 de octubre de 2026
Este año, la fiesta de san Bernat Calvó (1180-1243), hijo de nuestra tierra, cae en domingo. El 25 de octubre es, por tanto, una ocasión particularmente propicia para que nuestras comunidades cristianas vuelvan la mirada hacia este hombre que nació en el momento de la repoblación del Camp de Tarragona después de la invasión sarracena, en el mas Porpres, llamado posteriormente Mas Calvó. Sirvió a la Iglesia de Tarragona, encontró en el Císter el camino de su plena entrega a Dios y acabó entregando su vida pastoralmente como obispo de Vic. Después de estudiar leyes en la Universidad de Bolonia, Bernat Calvó trabajó como jurista y funcionario del Arzobispado de Tarragona. Pero su vida experimentó un profundo cambio. Una experiencia de fragilidad y enfermedad le llevó a interrogarse sobre aquello que realmente da consistencia a la existencia. Y descubrió que no basta con tener una profesión, un prestigio o una responsabilidad: hay que encontrar a Dios. Así entró en el monasterio de Santes Creus, donde abrazó la vida cisterciense y, más adelante, fue su abad.
Este es el primer gran mensaje que san Bernat Calvó dirige a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Vivimos rodeados de muchas urgencias, proyectos y responsabilidades. Podemos llegar a hacer muchas cosas y, sin embargo, olvidarnos de la pregunta decisiva: ¿qué, o quién, es el centro de mi vida? El santo nos recuerda que el corazón humano solo encuentra su verdadera unidad cuando pone a Dios en primer lugar.
Pero buscar a Dios no significa huir del mundo. Precisamente porque había aprendido a buscarlo en el silencio, en la oración y en la vida comunitaria, Bernat Calvó pudo servirlo con mayor libertad en las responsabilidades que la Iglesia le confió. Llamado a ser obispo de Vic, trabajó por la paz, por la comunión de la Iglesia, por el orden de la vida eclesial y por el acompañamiento del pueblo que le había sido encomendado.
Hay aquí una profunda lección pastoral. La Iglesia necesita pastores, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas que no busquen simplemente ocupar un lugar, sino servir. Toda vocación cristiana nace del encuentro con Cristo y madura en la entrega de uno mismo. No hay auténtica contemplación que no conduzca al amor a los hermanos, ni servicio eclesial que pueda sostenerse sin una vida interior profunda. San Bernat Calvó nos invita, por tanto, a unir aquello que a menudo separamos: la oración y la acción, el silencio y la palabra, la vida interior y el compromiso pastoral. En una sociedad marcada por la dispersión, nos enseña a buscar a Dios por encima de todo. En una Iglesia llamada a anunciar el Evangelio, nos recuerda que solo puede dar a Cristo quien, antes, se ha dejado encontrar por Él.
Que este santo, hijo del Camp de Tarragona, interceda por nuestras comunidades. Que nos conceda un corazón contemplativo y, al mismo tiempo, disponible; profundamente arraigado en Dios y generosamente abierto a los hermanos. Así, también nosotros podremos descubrir que la vida cristiana alcanza su plenitud cuando buscar a Dios y servir a su pueblo se convierten en un único camino de amor.
Vuestro,


