Fecha: 25 de octubre de 2026
El recientemente publicado informe PISA, programa para la evaluación internacional de los estudiantes, presenta cuestiones preocupantes al señalar unos déficits sobre la educación en nuestro país que deberían ser motivo de profunda reflexión para todos los agentes que intervienen en el proceso educativo. Me refiero a la falta de lectura, la carencia de la cultura del esfuerzo y al uso exagerado de las redes sociales y especialmente del móvil.
Respecto a la falta del hábito de lectura, el papa Francisco lo advertía en una carta del año 2024 sobre la educación de los seminaristas y que podemos extrapolar a la educación en general en todos los ámbitos de la vida. En ese texto, el papa Francisco remarcaba la importancia de la lectura de novelas y poemas en el camino de maduración personal, ya que los libros abren nuevos horizontes, nuevos espacios interiores que nos enriquecen y nos ayudan a afrontar la vida y a comprender mejor a los demás. La lectura nos prepara para conocer, reflexionar y comprender, y nos hace desarrollar y articular las capacidades humanas que Dios ha puesto en nosotros.
El segundo déficit señalado es la carencia de la cultura del esfuerzo. El papa León XIV nos ha recordado que no hay que buscar el éxito fácil, optando mejor por la cultura del esfuerzo, de la disciplina, del trabajo bien hecho. En la misma línea, en su visita a Madrid, al referirse al mundo del deporte recordó que es una verdadera escuela del esfuerzo, ya que se aprende el respeto por el adversario y enseña a perder sin odiar, a ganar sin humillar y a levantarse después de caer.
Y finalmente hay que cuidar también el uso casi indiscriminado de las redes sociales, móviles y smartphones. Los expertos en pedagogía y los psicólogos advierten de sus peligros. El propio papa León en su encíclica Magnífica humanidad pide un uso más razonable de estas redes y que sean herramientas para la educación pero que no conformen el universo mental de los alumnos de tal modo que condicionen una visión unilateral y sesgada de la realidad en la que viven. No vivimos en un universo paralelo, como nos planteaba la película Matrix. La capacidad humana se vive en la relación con los otros y esta interacción nos forma como personas de forma integral.
En el evangelio, Jesús nos invita a asumir la cruz de cada día, y ayudar a los demás a llevar sus cruces, a saber estar atento a lo que ocurre a nuestro alrededor para descubrir cómo Dios nos hace comprometernos en la mejora de la vida, y no centrarnos en nosotros y nuestros problemas. Ya el papa Benedicto XVI había pedido, en una carta a la diócesis de Roma en 2008, recuperar la confianza en la capacidad del ser humano para abrirse a la verdad, al bien y a Dios, involucrando a la familia, la escuela y la comunidad cristiana para afrontar lo que él llamó situación de emergencia educativa. No es fácil tener amplitud de miras y levantar la mirada en los tiempos que vivimos, pero nos lo proponemos conscientes de que es nuestra misión como Iglesia. En todo esto nos ayudan maestros y profesores, equipos directivos, sacerdotes y familias.


