Fecha: 8 de marzo de 2026

Este año, el III domingo de Cuaresma cae en 8 de marzo. En las parroquias leeremos el evangelio de la samaritana (Jn 4,5-42), un diálogo que comienza con una petición desarmada de Jesús a una mujer: «Dame de beber», y termina con una mujer convertida en voz pública de la Buena Noticia de Jesús. El texto ofrece un método para el presente: escuchar antes de hablar. Hablar con ellas, no solo de ellas. Renunciar a la instrumentalización y más encuentro y horas de escucha.

El debate recurrente sobre los vetos al burka y al niqab es una prueba. Antes de situar este tema en el plano político‑legislativo, ¿no sería necesario un diálogo profundo con las mujeres y las comunidades concernidas? Y además, ¿es este realmente el tema que más preocupa a las mujeres de nuestro país?

¿Por qué no hablamos sobre el incremento de mujeres e hijos o hijas víctimas de la violencia machista y doméstica, sobre medidas efectivas para acabar con la desigualdad salarial, la dificultad de acceso a la vivienda, el reconocimiento del trabajo de los cuidados o sobre la falta de ayudas a la maternidad y a la natalidad? El informe FOESSA denuncia la feminización de la pobreza.

En la Iglesia todavía tenemos muchos deberes en lo que respecta a la conversión relacional hacia las mujeres, pero afirmamos con rotundidad que hombre y mujer tienen la misma dignidad, porque comparten la misma imagen y semejanza de Dios. Esto se concreta en: rechazo de toda forma de violencia o discriminación contra las mujeres; reconocimiento, sin confrontación, de la aportación de las mujeres dentro y fuera de la Iglesia; del valor del trabajo y los talentos femeninos, a menudo invisibilizados; y denuncia de las situaciones de explotación, precariedad o abuso.

El “pozo” de hoy tiene forma de parroquia, casa, calle, juzgado, trabajo, urgencias o fila de un comedor social. Allí la comunidad católica está llamada a proteger vidas y dignidad, apoyar a las mujeres y tejer oportunidades. Estamos invitados a volver al pozo para pedir agua con humildad y ofrecer el Agua viva con valentía. Cuando la sed de sentido, de justicia, de verdad y de vida se toma en serio, la gente, como en Sicar, se levanta para escuchar.