Fecha: 22 de marzo de 2026
A vosotros, a quienes Dios está llamando desde parroquias, colegios, universidades o el trabajo; vosotros que vais a retiros, celebráis la Eucaristía, estáis en grupos de jóvenes o buscáis respuestas en internet. ¡Sois tan distintos y tan amados por Dios! Quizá aún no lo habéis percibido, pero Él ya ha pronunciado vuestro nombre, llegará la hora. Por eso ya sois nuestros futuros seminaristas, por quienes rezamos cada día. Nuestra diócesis tiene un diácono en etapa pastoral; confiamos en que, por la oración constante, el Servicio de pastoral vocacional y vuestra generosidad, en los próximos cursos tengamos motivos para la esperanza. ¡Gracias!
A ti que te haces preguntas, que buscas sentido y te atrae la vida de la Iglesia; a ti, que algo te inquieta cuando rezas, ¿y si Jesucristo ha pensado en ti para ser sacerdote? Ven a discernir este officium amoris al servicio del Santo Pueblo de Dios. «Deja las redes», las de pescar… y las otras: expectativas ajenas, miedos… Déjalas en la arena y mira a Jesús: no promete una vida fácil, propone una vida plena. Mira a la gente y su sed de sentido y de Dios, ¿quién la saciará y dará testimonio del Resucitado? No pedimos superhéroes, sino corazones dóciles al Espíritu. Lo demás ya vendrá.
Sant Feliu necesita seminaristas y sacerdotes enamorados de Jesucristo y de su Reino: discípulos de comunión y fraternidad, con madurez humana y espiritual; con una mirada sobrenatural, capaces de escuchar con el corazón y de hablar de corazón a corazón, de celebrar los sacramentos con sencilla belleza, de predicar y esparcir el Evangelio de la paz, de acompañar comunidades y procesos para que la Iglesia sea hogar para todos.
¿Cómo discernir? Dedica tiempo a Jesús y escucha. Busca acompañamiento (un cura, alguien de confianza). Incorpórate a algún servicio concreto. Dios dará luz para el siguiente paso. Atrévete: deja las redes, levántate y confía. No caminarás solo. Te esperamos.
Queridas comunidades y parroquias: reforzad la oración por todas las vocaciones y mirad a vuestro alrededor. Dios quiere servirse de vosotros para llegar a los jóvenes. Pensad: «¿este sería un buen sacerdote?» Habladle con delicadeza: proponed y acompañad para que la llamada de Dios se escuche.


