Los obispos de diversas Conferencias Episcopales de todo el mundo se han reunido del 17 al 22 de enero en Jerusalén para asistir al Holy Land Co-ordination 2026. Esta edición del encuentro ha tenido como título Una Tierra de Promisión: Encuentro y Diálogo con Personas de Esperanza. En el Encuentro ha participado Mons. Joan Enric Vives Sicilia, arzobispo obispo emérito de Urgell, como representante de España.

Este encuentro anual de obispos busca tener una presencia regular en esta región y conocer al detalle la situación de los cristianos. En concreto, esta edición se ha centrado en el compromiso de caminar al ritmo de las personas, de escuchar antes de hablar y de permitir que sean las relaciones —y no las agendas— las que configuren la comprensión. A continuación, ofrecemos el comunicado final en español:

Comunicado final de Holy Land Co-ordination 2026

«Vosotros sois la sal de la tierra; vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,13-14).

Nuestra peregrinación ha sido a una Tierra donde las personas están sufriendo traumas. Comenzamos con una visita a las comunidades beduinas que viven en los márgenes de la sociedad en la Cisjordania ocupada. Compartieron con nosotros sus experiencias de una vida en la periferia, siendo observados pero a menudo no encontrados, con sus movimientos fuertemente restringidos por asentamientos que se expanden rápidamente y los rodean desde las colinas circundantes.

Escuchamos relatos sobre ataques de colonos israelíes y su continua violencia e intimidación, el robo de ganado y la demolición de propiedades, que impiden a muchos dormir por la noche noche ante el miedo a más violencia. Cuando les preguntamos quién ve sus luchas y su clamor por vivir en paz con sus vecinos, respondieron: «Nadie nos ve».

Nuestro viaje continuó con la celebración de la Misa en la única ciudad completamente cristiana de Palestina. Ellos también nos hablaron de su sufrimiento: ataques constantes de colonos extremistas, el arranque de sus olivos, la confiscación de sus tierras y actos de intimidación que hacen su vida cotidiana insoportable, empujando a muchos hacia una emigración masiva.

En los doce meses transcurridos desde nuestra última visita, la Tierra de la Promesa se ha ido reduciendo y poniendo a prueba. Gaza sigue siendo una catástrofe humanitaria. Las personas de Cisjordania con las que nos encontramos están desmoralizadas y atemorizadas. Las valientes voces israelíes que alzan la voz en defensa de los derechos humanos y civiles están cada vez más amenazadas; abogar por las voces marginadas implica una solidaridad costosa. Tememos que pronto ellas también sean silenciadas.

Como cristianos, es nuestra vocación y nuestro deber dar voz a quienes no la tienen y dar testimonio de su dignidad, para que el mundo conozca su sufrimiento y se sienta movido a promover la justicia y la compasión.

Los asentamientos en Cisjordania, ilegales según el derecho internacional, continúan expandiéndose mediante la apropiación de las tierras de otros. La universalidad de los derechos humanos se aplica a todos sin excepción. Sin embargo, se ve implacablemente sustituida por un sistema en el que la dignidad y la protección dependen del estatus civil de cada uno.

Afirmamos el derecho de Israel a existir y a que los israelíes vivan en paz y seguridad; del mismo modo, pedimos que estos mismos derechos se respeten para todos los que están arraigados en esta tierra. Esperamos que los esfuerzos por la paz prevalezcan sobre la violencia y que no haya más actos de terrorismo ni de guerra. Asimismo, instamos a nuestros gobiernos a que ejerzan presión sobre Israel para que respete el orden internacional basado en normas y para que se reanuden negociaciones significativas hacia una solución de dos Estados en beneficio y seguridad de todos.

Nos conmovió profundamente la fe y la firmeza de los cristianos locales, así como la de personas de otras religiones que trabajan para sostener la esperanza de sus comunidades. Ellos nos recuerdan que nuestra vocación compartida es ser «sal de la tierra» y «luz del mundo», y que nos esforcemos por una convivencia pacífica y por la seguridad en toda la Tierra Santa.

También fuimos testigos del valor de aquellas voces judías y palestinas que, pese a enormes desafíos y a su propio trauma, continúan defendiendo la justicia, el diálogo y la reconciliación. Escuchar a padres que han perdido a un hijo a causa del conflicto y que aun así encuentran el modo de perdonar ofrece un testimonio poderoso de la posibilidad de la paz y la reconciliación. Pocas experiencias son más devastadoras. Cuando una madre o un padre así suplica el fin de la violencia, el mundo debe escuchar —y actuar—.

Los pueblos de Tierra Santa claman por nuestra ayuda y oraciones; anhelan el fin de su sufrimiento. Manteneos a su lado. Reconoced su súplica de dignidad. Ayudad a fomentar un diálogo auténtico entre las comunidades. Atended la llamada del cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, a acudir en peregrinación como signo de nuestro amor, apoyo y solidaridad con ellos.

Al dejar esta Tierra, lo hacemos con el corazón lleno de compasión por quienes sufren e inspirados por quienes, con su búsqueda de la justicia, mantienen viva la esperanza de la paz.

Nuestra Señora, Reina de Palestina y de toda la Tierra Santa, ruega por nosotros.

Mons. Nicholas Hudson, obispo de Plymouth (Inglaterra y Gales)

Mons. Nicolo Anselmi, obispo de Rímini (Italia)

Mons. Udo Bentz, arzobispo de Paderborn (Alemania)

Mons. Peter Burcher, obispo emérito de Reikiavik (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia y Suiza)

Mons. James Curry, obispo auxiliar de Westminster (Inglaterra y Gales)

Mons. Paul Dempsey, obispo auxiliar de Dublín (Irlanda)

Mons. Michel Dubost C.I.M., obispo emérito de Évry-Corbeil-Essonnes (Francia)

Mons. Antoine Herouard, arzobispo de Dijon (Francia)

Mons. Joseph Kopacz, obispo de Jackson (Estados Unidos)

Mons. William Nolan, arzobispo de Glasgow (Escocia)

Mons. Christian Rodembourg M.S.A., obispo de Saint-Hyacinthe (Canadá)

Mons. Joan Enric Vives Sicilia, arzobispo ob. emérito de Urgell (España)

Mons. Abdallah Elias Zaidan, de la Eparquía Maronita de Nuestra Señora del Líbano (Estados Unidos)

(Traducción no oficial al castellano)

Fuente: Conferencia Episcopal Española