Fecha: 22 de marzo de 2026

En el contexto de una sociedad compleja y fragmentada, marcada por el individualismo y el materialismo, donde los roles ya no están claros y con cambios de valores; donde tantas personas viven en soledad y el índice de suicidios, sobre todo entre los jóvenes, ha ido creciendo de forma alarmante, surge la pregunta: ¿qué pasa en el corazón de algunos jóvenes y no tan jóvenes que toman el camino sorprendente de dedicar su vida a los demás? Y no como un voluntariado temporal sino poniendo toda su existencia al servicio de los demás. Al servicio del Otro que es Dios y de los demás hombres y mujeres, hermanos suyos, en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada.

El lema del Día del Seminario de este año, “Deja tus redes y sígueme”, hace referencia a la llamada de Jesús a los primeros discípulos, sí, pero hace referencia también a tantas nuevas redes en las que pueden estar enredados muchos jóvenes hoy en día, y entre ellas cabe señalar las llamadas redes sociales y la inteligencia artificial que ocupan ahora un lugar destacado.

Estas redes no existían en tiempos de Jesús, pero había otras igualmente paralizantes: el miedo al futuro, la ilusión de un mesías ideal, el éxito fácil, el protagonismo, el dinero, el idealismo de formar parte de una revolución que cambiaría el mundo. Son redes que han existido en todos los tiempos y en las que siempre ha sido fácil quedarse atrapado. Sin embargo, tanto en tiempos de los apóstoles como en la actualidad existe un factor decisivo que hizo posible que aquel pequeño grupo de pescadores y también otros muchos pudieran dar una respuesta de fidelidad a la llamada del Señor.

En las narraciones de la llamada de Jesús a los apóstoles que nos transmiten los evangelios, siempre, en todos los casos, es el encuentro con Jesús, el Señor, el motivo determinante del seguimiento; su presencia en la vida de Pedro y de Andrés, de Natanael, de Jaime y Juan, de Mateo y de todos. Y si no puede caber duda de que esa presencia de Jesús les fascinó y sus palabras les entusiasmaron, también es verdad que hubo una gracia interior, la gracia de sentirse amados, de experimentar el amor de Dios a ellos y a su pueblo la que les movió a dar una respuesta de por vida cuando les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Y ellos dejaron inmediatamente las redes y los siguieron” (Mt 4, 19-20).

Celebramos un año más el Día del Seminario en el contexto de una sociedad que no ayuda en absoluto y en ningún sentido a dejar las redes, sean las que sean y seguir a Jesús. Sólo desde la fe en su amor y de sentirse amados por Dios, desde la experiencia de una llamada que es a la vez el ofrecimiento de una íntima amistad; sólo desde el convencimiento de que nuestra vida responde a un proyecto de amor de Dios para nosotros, para la Iglesia y el mundo, sólo en un encuentro personal con Jesucristo que normalmente se da en la oración, se puede acoger su llamada que es manifestación de amor a quienes son llamados y al mundo entero.

Hoy pedimos por nuestro Seminario y por aquellos que el Señor ha llamado y sigue llamando ahora también a dejar las redes e ir con él. Porque ésta es la clave para entender la vocación al sacerdocio, ir con Jesús siempre, estar con él siempre. Es una llamada de amor y una respuesta de amor la que han dado tantos hermanos que se han dejado enamorar por Jesucristo y en Él han encontrado la fuerza para una plena donación. Y hoy también os pedimos y agradecemos la ayuda material y económica para seguir acompañando estas “vocaciones” de jóvenes de nuestra diócesis en nuestro seminario.