Fecha: 12 de abril de 2026

La figura de San Francisco de Asís continúa cautivando al mundo después de ocho siglos de su muerte, ya que contemplar su vida es siempre una invitación a redescubrir el Evangelio en toda su radicalidad. El próximo 3 de octubre, al atardecer, se cumplirán ocho siglos de su muerte: de ahí el sentido del año jubilar instaurado por el papa León XIV. En nuestra Archidiócesis, de acuerdo con las disposiciones de la Santa Sede, se ha establecido que sean Iglesias Jubilares las parroquias de San Francisco de Tarragona, San Francisco de Reus y la iglesia del monasterio de las Clarisas de Reus.

Los años jubilares tienen una larga tradición dentro de la Iglesia Católica, como recordamos el año pasado. Son períodos especiales de gracia, conversión y renovación espiritual. Cuando se dedican a un santo, invitan a los fieles a profundizar en su legado espiritual y a dejarse inspirar por su ejemplo. En el caso de San Francisco, este tiempo jubilar es una oportunidad privilegiada para que creyentes y no creyentes redescubran la fuerza de su testimonio: una vida radicalmente evangélica, marcada por la pobreza, la fraternidad universal y el amor a toda la creación.

San Francisco nació hacia el año 1181 o 1182 en la ciudad italiana de Asís, en el seno de una familia acomodada. Su padre era un rico comerciante de telas y, de joven, Francisco llevó una vida despreocupada, soñando con la gloria caballeresca. Sin embargo, su vida cambió profundamente después de una experiencia espiritual que lo llevó a escuchar una llamada interior a seguir radicalmente a Jesucristo. Progresivamente renunció a la riqueza familiar y eligió vivir en pobreza, dedicándose a la oración, al servicio de los pobres y a la reconstrucción espiritual de la Iglesia.

El estilo de vida de Francisco atrajo a muchos otros hombres que querían vivir según el Evangelio. Así nació la orden de los Franciscanos, una fraternidad basada en la pobreza, la fraternidad y la predicación sencilla. Con el tiempo, también se formó la orden femenina inspirada por Santa Clara de Asís y el movimiento de los laicos conocido como Tercer Orden.

Uno de los rasgos más conocidos de San Francisco es su profundo amor por la naturaleza. Veía a todas las criaturas como hermanos y hermanas, una espiritualidad expresada magistralmente en su famoso Cántico de las Criaturas. Esta visión lo convierte hoy en un referente para el diálogo entre espiritualidad y ecología. Su actitud de paz también lo llevó a gestos sorprendentes, como su encuentro con el sultán durante las cruzadas, un signo de diálogo y respeto entre religiones.

El año jubilar dedicado al santo de Asís es, por tanto, mucho más que una conmemoración histórica: es una invitación a volver a lo esencial del Evangelio de Jesús y a redescubrir la alegría de una vida vivida con humildad, paz y amor universales.

Vuestro,