Fecha: 18 de enero de 2026
Entre el 18 y el 25 de enero se celebra en todo el mundo la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Este año los materiales han sido elaborados a propuesta de la Iglesia Apostólica Armenia, que es una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. El lema elegido es un versículo de la carta de san Pablo a los Efesios: «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados» (Ef 4,4). Son también muy significativos los dos versículos que siguen y que expresan un anhelo de unidad de los cristianos: «Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos» (Ef 4,5-6). ¡Qué palabras tan sencillas y claras, las de san Pablo!
San Pablo, ya en los inicios del cristianismo, se encontró con que había divergencias entre los cristianos. Era una situación que le hacía sufrir y que le llevaba a expresar su preocupación a las comunidades cuando les decía: «os ruego […] que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir» (1 Co 1,10). Han pasado los siglos y la preocupación del apóstol Pablo se ha convertido también en la nuestra. No es hasta comienzos del siglo XX cuando se inicia formalmente un trabajo ecuménico, con el anhelo de que todos los cristianos trabajen en comunión.
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año tendrá un recuerdo especial del reciente viaje del papa León XIV a Turquía y al Líbano para celebrar los mil setecientos años del Concilio de Nicea, en el que se expresa por primera vez la fe que une a todos los cristianos y que compartimos todas las Iglesias. En este encuentro, el Papa nos invitaba a «superar el escándalo de las divisiones que, lamentablemente, todavía existen, y a alimentar el deseo de unidad por el que el Señor Jesús oró y dio la vida». El Papa nos hacía ver que cuanto más unidos estemos más podremos dar un testimonio auténtico del Evangelio.
La unión y la comunión pasan por el diálogo, la oración y el servicio amoroso a los más vulnerables. Dialogar no es la suma de dos o más monólogos; requiere una escucha atenta y respeto por las ideas de los demás. Dialogar es aprender todos de todos. Ahora bien, no basta con respetar al otro y no pelearse con él. El diálogo ecuménico debe ser real e implica compartir, convivir y amar, un diálogo que el papa Benedicto XVI llamaba «diálogo de la caridad». Si no somos capaces de amar, no llegaremos a una unión real, lo cual no significa dejar de ser uno mismo, como sucede en un matrimonio. El encuentro ecuménico no es una «fiesta» de un día o de una semana. Es compartir cada día la alegría de ser hermanos con aquellos que encontramos en el camino. Hagamos que las diferencias no nos resten, sino que nos sumen.
Queridos hermanos y hermanas, acabo recordando lo que dice una popular canción que cantamos en las eucaristías:
Juntos como hermanos,
miembros de una iglesia,
vamos caminando
al encuentro del Señor.


