Fecha: 8 de marzo de 2026

Continuando la reflexión sobre la escuela cristiana hay que considerar que ésta es un espacio inclusivo, que ayuda a la persona a desarrollar sus potencialidades desde el respeto a su dignidad. El Ideario de cada escuela católica, con sus principios y sus valores, está de acuerdo con el marco legislativo actual, forma parte de él y ofrece a las familias la posibilidad de ayudar a crecer a sus hijos y a madurar en un marco de libertad y profundización con unos valores y fundamentos sólidos y perdurables.

Es verdad que, en el mundo actual, pluricultural y diverso, podemos encontrar un cierto debate educativo en el que la asignatura de religión sigue siendo un tema candente. Sin embargo, más allá de prejuicios ideológicos, existe un principio que no se puede olvidar: la libertad de los padres a escoger la formación religiosa de sus hijos es un derecho protegido por la Constitución y los tratados internacionales de los derechos humanos. La religión en la escuela no es un privilegio ni la religión católica es una imposición. Es una propuesta a partir de la cual los cristianos y la Iglesia deben tener también la libertad y el derecho de ofrecer el mensaje del Evangelio a aquellos que así lo deseen para sus hijos.

También es importante aclarar ciertos equívocos que tienden a distorsionar la realidad. En determinados sectores de nuestra sociedad se ha intentado etiquetar como «sectarios» a los cristianos y algunos movimientos e instituciones de la Iglesia presentes en la sociedad y también en muchos ámbitos educativos a través de profesores de religión y de otras materias también que pertenecen a instituciones o movimientos de Iglesia. En este sentido hay que decir que los cristianos tienen derecho a asociarse y formar parte de grupos aprobados por la Iglesia y que no se puede tachar de sectario el derecho de quienes trabajan en el mundo educativo a formar parte libremente de instituciones que están perfectamente reconocidas y aprobadas.

Los profesores vinculados a estas instituciones, lejos de adoctrinar, imparten su materia siguiendo los programas oficiales establecidos por las autoridades educativas y los acuerdos «Iglesia-Estado». Su pertenencia a estas realidades eclesiales no les resta profesionalidad ni respeto por la libertad de los alumnos, al contrario, les ayuda a ser más profesionales y respetuosos.

En definitiva, defender la enseñanza de la religión y la presencia de todas las realidades eclesiales en la vida educativa es una opción legítima y un derecho de los cristianos. En una sociedad plural y democrática, la diversidad de opciones formativas es una riqueza, no una amenaza. La auténtica educación no teme la fe: la integra como parte de la vida de muchas familias que libremente la eligen.

La experiencia nos muestra que la educación fundamentada en valores y virtudes cristianas forma verdaderas personas, ciudadanos con capacidad de comprometerse en la sociedad, personas maduras y responsables que como los padres y madres desean siempre lo mejor para sus hijos. Es desde esta perspectiva que la Iglesia sigue ofreciendo una educación con religión en la escuela, apostando por una educación de calidad, abierta a todo el mundo, sin distinciones. Y este ofrecimiento forma parte de la propia misión de la Iglesia.