Fecha: 25 de enero de 2026
“La palabra cambia el mundo”, decía David Uclés, premio Nadal 2026. Tiene razón, la palabra no solo describe, sino que hace. La filosofía del lenguaje lo muestra, la teoría de la performatividad lo profundiza, y los estudios sobre metáforas y marcos explican cómo los relatos organizan la mirada. La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, en El peligro de una única historia, muestra hasta qué punto un relato único coloniza el pensamiento y empequeñece la realidad.
La fuerza (o fortaleza) de la palabra es decir la verdad. Hannah Arendt advirtió que la organización de la mentira deshace la vida pública.Hoy, demasiados discursos del poder arman el lenguaje, escalando metáforas o falsedades que justifican y predisponen a la violencia y al antagonismo. Hay palabras y discursos que están cambiando el mundo a peor y a toda prisa. Ya basta de empequeñecernos con los discursos de los poderosos. Necesitamos ensanchar la mirada y quitarnos los miedos. Necesitamos más templos de la palabra (y de la Palabra) y espejos de la sociedad, frecuentar más las iglesias y las buenas obras de teatro. Fe y cultura.Necesitamos pararnos, respirar, contemplar, pensar.
El papa León reclama y propone alianzas con la paz desarmante y desarmada. Los cristianos recibimos esa paz de Jesucristo. Esta paz solo cuenta con la fuerza de la palabra, el diálogo, la liturgia, las artes y los testimonios de justicia, perdón, honestidad y compasión. Con la Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, creemos que “un libro y una pluma pueden cambiar el mundo”. Me pregunto qué estarán leyendo los sátrapas del momento.
Ahora bien, la palabra solo desarma si reorienta el imaginario: cuando el relato dice “preparémonos para la guerra”, respondamos “eduquemos para la verdad y la cultura del cuidado”; donde señalan “enemigos”, leamos “prójimos”. Si invocan “seguridad” para reducir derechos, defendamos la “dignidad compartida”; si se promete la “victoria” sobre el otro, busquemos la “fraternidad”. Así, el lenguaje deja de ser martillo y se convierte en arado que abre surcos de esperanza.


