Fecha: 18 de enero de 2026
Cada 21 de enero, la Iglesia de Tarragona celebra la festividad de sus santos mártires Fructuoso, obispo, y Augurio y Eulogio, diáconos. Además, esta fecha me hace recordar siempre el inicio en nuestra catedral del Concilio Provincial Tarraconense de 1995, el Concilio de todas las diócesis con sede en Cataluña.
La historia de nuestros santos mártires se remonta al siglo III y la conocemos gracias a la existencia de un documento denominado Passio Fructuosi, escrito por un cristiano culto y con buena formación teológica, posiblemente clérigo. Se trata del documento literario martirial más antiguo de toda la península ibérica. Un documento de enorme importancia para nuestra historia cristiana, que nos remite al año 259 y que, incluso, tuvo una notable repercusión en la literatura cristiana de la época tardorromana: el mismo san Agustín lo cita en un sermón y, por otra parte, el poeta Aurelio Prudencio le dedica un himno en una de sus obras (Peristephanon, himno VI).
El término «mártir» procede del griego mártys, que significa «testigo». Los cristianos estamos llamados a ser mártires, es decir, a ser testigos de Cristo, aunque, como san Fructuoso, no tengamos que ser castigados por esta causa.
El Concilio Provincial Tarraconense de 1995 plantea el tema del testimonio, es decir, del martirio, para todos los cristianos en dos direcciones. En primer lugar, confesar la fe en Jesucristo. En este sentido, ya en el primer capítulo del Concilio, dedicado al anuncio del Evangelio a nuestra sociedad, encontramos hasta siete números de sus resoluciones en los que se afirma la necesidad de dar este testimonio (CPT 1-2, 5, 17, 25, 27, 31). Pero, en segundo lugar, se afirma que este testimonio debe darse con humildad y con espíritu de pobreza evangélica. En este sentido, en el capítulo III, dedicado a la solicitud por los más pobres y marginados, se incluye todo un apartado dedicado a «la exigencia ineludible del testimonio intraeclesial» (CPT 82-93).
Los mártires son antiguos y actuales, de todas las épocas. El historiador Andrea Riccardi, fundador de la Comunità di Sant’Egidio, explica su experiencia y la emoción que sintió cuando se abrió en Roma el archivo de los mártires de los últimos siglos y, en particular, del siglo XX. Y escribe: «Sentí que no podía ignorar la historia de tanta persecución y de tantos testigos de nuestra fe. No se trata de historias de algunos cristianos valientes, sino muchas veces del martirio de masas. Los cristianos muertos violentamente en este siglo nuestro tan moderno son centenares de miles…».
En esta semana en la que iniciamos la oración por la unidad de todos los cristianos, debemos recordar, en primer lugar, que los mártires de la “Iglesia antigua” son patrimonio de “todas las confesiones”, porque lo son de la Iglesia “aún indivisa”. Y, en segundo lugar, que este testimonio hasta la muerte sigue vivo también en las otras confesiones, como recordó por primera vez san Pablo VI con motivo de la canonización de los mártires de Uganda (18 de octubre de 1964).
Vuestro,


