Fecha: 25 de enero de 2026

Hoy la Iglesia celebra el Domingo de la Palabra de Dios y en las diócesis catalanas también iniciamos la 10ª Semana de la Biblia, cuyo lema es: “Que la Palabra de Cristo habite entre vosotros” (Col 3,16). Espero que estos dos acontecimientos sean una ocasión para que descubramos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida y en la vida de la Iglesia.

Seguramente todos nosotros tenemos en casa alguna Biblia. Puede ser la Biblia que nos regalaron cuando recibimos el sacramento de la Confirmación o la que hemos heredado de nuestros padres. Es posible que la tengamos en una estantería y que apenas la hayamos abierto, que sea tan solo un bonito adorno.

¿Por qué no leemos más la Biblia? Quizás por pereza, por poco interés o porque nos parece un texto desfasado que no tiene nada que ver con nuestra realidad. La Biblia es una carta de amor de Dios a la humanidad. Cuando la leemos descubrimos personajes a través de los cuales vivimos valores universales atemporales como la paz, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la belleza del amor. ¿Qué tesoros esconde este libro que ha sido traducido a tantas lenguas y ha sido escrito a lo largo de siglos?

La Biblia es un texto escrito en un contexto histórico que recoge relatos de la experiencia de fe del pueblo de Dios. Cuando la leemos aprendemos a conocer a Dios, aprendemos a conocer a Jesús. Descubrimos cómo amaba, cómo acogía a los más necesitados y cómo se relacionaba con Dios Padre. Pidamos a Cristo que la lectura de la Biblia nos ayude a tener sus mismos sentimientos.

La Biblia nos ayuda a salir de nuestra zona de confort. En ella encontramos a personajes de diferentes épocas que sufren por su vulnerabilidad o por ser víctimas de situaciones injustas. Estas vivencias relatadas, sin duda, nos interpelan y nos mueven a comprender y a atender a nuestros hermanos vulnerables de hoy día.

La Palabra de Dios nos da fuerza para vivir la vida con alegría. Nos alimenta y cura nuestras heridas más profundas. Podemos decir que es una guía segura que ilumina nuestros pasos cuando nos sentimos perdidos y no encontramos sentido a la vida. La Palabra de Dios siempre está fresca, no caduca. Así lo expresa el profeta Isaías: “[…] se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Is 40,8). Es luz para interpretar muchas de las situaciones que vivimos y vive nuestro mundo.

Queridos hermanos y hermanas, cojamos la Biblia que adorna nuestro hogar, no tengamos miedo de abrirla. Y es que cada vez que leemos la Sagrada Escritura, Dios enciende una lamparita en nuestro interior. Dejemos que la Palabra de Dios habite en nosotros.