Fecha: 8 de febrero de 2026

Hoy el dicho que recogemos nos sitúa en la órbita de un aspecto decisivo: la voluntad: «hace más quien quiere que quien puede». A lo largo de la vida acumulamos responsabilidades y cargas de todo tipo. Nuestra «voluntad», tarde o temprano, acaba resintiéndose. Recuperar el coraje para la misión es una reflexión del dicho de hoy. Pero, ¿cómo hacerlo? Leer de forma positiva, entusiasta y valiente denota salud, esperanza, felicidad. Cuando nos dejamos llevar por el pesimismo y lo damos por bueno, hablamos especialmente de resignación, y de hecho damos por buena la decadencia. Esto no es propio de quienes queremos ser seguidores de Jesucristo. No queremos ser misioneros conformistas o acomodados al «ir tirando». Ciertamente, nos damos cuenta, y no pocas veces, de que nuestra voluntad no es tan fuerte como pensamos o como quisiéramos. Es necesario aceptarlo.

Antes de hablar de «la voluntad» y del coraje para ponerla a tono, debo proponeros una distinción entre «hacer» y «poder». Ni lo hacemos todo, ni lo podemos todo. Es así. No hacemos todo lo que deberíamos hacer y, además, no lo hacemos todo, ni estamos todo el día haciendo cosas. A veces —y no es ninguna contradicción— «no hacemos», es decir, escuchamos, leemos, bailamos, reímos… Algunas sociedades han llevado el ocio al extremo, y han hecho ostentación de ello con el dolce far niente. Parece que estemos instalados en un pasotismo o un activismo inconsciente, rutinario. Parece que «hacemos» cosas, pero lo cierto es que «no hacemos» nada. Igualmente, no lo podemos todo; hay muchas cosas que no podemos, ni podremos nunca. Llegados a este punto, nos damos cuenta, tristemente, de que muchos eslóganes juegan con el sentido de las palabras y nos hacen una mala jugada —a mi entender. Querer no es poder, y poder no significa directamente que aquello que quieres sea aquello que puedes.

Pero volvamos al tema del coraje y la voluntad misionera. ¿Qué decimos cuando hablamos del «querer»? Vivimos unos tiempos llenos de deseos. Casi todo el mundo expresa lo que quiere y lo que querría. Dios nos ofrece su querer: que todos conozcamos su Amor, y así seremos felices. La misión, recuperar el coraje y la voluntad, va por este camino: el de anunciar —con hechos y con palabras— que Dios está a nuestro lado en todo momento.

¿Y qué decimos de «la voluntad»? La obra de Joseph Roth, La leyenda del santo bebedor, habla de las deficiencias de la voluntad de su protagonista, pero también de la gracia que Dios da siempre. He aquí cómo en el misionero tiene lugar el encuentro milagroso de la realidad humana, siempre pobre, con la presencia de Dios, siempre milagrosa. Hoy debemos repensar de nuevo nuestra misión desde una voluntad acompañada y sostenida por la gracia de Dios, es decir, por la fuerza del Espíritu Santo.

¿Quién ha visto nunca «la voluntad»? De hecho, hemos visto manifestaciones diversas del Amor de Dios, que ciertamente toma formas visibles, pero no debemos olvidar nunca el don de la gracia, que siempre nos alienta a mantenernos fieles. En la misión encontramos dificultades, y la campaña contra el hambre que Manos Unidas encabeza nos lo recuerda. Pero, junto con todo lo que nosotros podemos y queremos hacer, no podemos descuidar lo que quiere y lo que puede hacer Dios. Para Él no hay nada imposible: Él todo lo puede, Él todo lo quiere si se trata de generar caminos hacia el Amor, la comunión y la fraternidad. Que nuestras responsabilidades no anulen, no asfixien y no ahoguen nunca a nadie. Que nuestras voluntades sean siempre expresión del sueño de Dios: el de un mundo más justo, más noble y más firme en el hecho de compartir lo que tenemos, pero sobre todo lo que somos. Recordad que «querer es poder», pero siempre con la ayuda de la gracia de Dios.