Fecha: 29 de marzo de 2026
Este fin de semana las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades se llenarán de gente, familias que irán a bendecir el ramo con los más pequeños de la casa, siguiendo una antigua y entrañable tradición. Es domingo de Ramos.
Para muchas personas puede ser la posibilidad de unos días de vacaciones merecidas, de desconectar del trasiego diario. Sea como fuere, y estemos donde estemos, estos son días que marcan el centro de la vida cristiana. Las diferentes celebraciones que se sucederán nos ayudarán a acercarnos al Señor muerto y resucitado, que da la vida por nosotros para que podamos tener su vida. En un momento en que el mundo se debate en enfrentamientos y la humanidad experimenta sufrimientos y falta de orientación no se trata solo seguir una tradición cultural, es hacer memoria, “memorial”, actualización del misterio del amor de Dios que nos quiere hasta tal punto que se da a sí mismo. Son celebraciones de nuestra fe y de nuestra vida cristiana, y nos tenemos que preparar conscientemente para vivirlas con intensidad. Para algunos puede ser una participación más activa y una colaboración más intensa, la cual nos ayudará a sentirnos más miembros de la Iglesia. Algunos como lectores, o portadores del santo Cristo, o cantores; otros como ayudantes en las procesiones, ayudando a preparar los actos y decorar los espacios. Todo esto nos ayudará a tomar más conciencia de lo que estamos celebrando.
Os invito a que nos adentremos y participemos todos. Es muy importante que la familia, como iglesia doméstica, viva estos días intensos, y que los pequeños empiecen a saborear la importancia de estas celebraciones, que los adultos les expliquemos y transmitamos su sentido a las generaciones futuras, y que los más mayores se sientan más acompañados estos días y valorados en su experiencia. De hecho, esto es lo que hacía y vivía el pueblo de Israel en la celebración de la Pascua. Como nos lo transmite el libro del Éxodo: “Cuando vuestros hijos os pregunten: » ¿Qué significa para vosotros este rito?», responderéis: «Es el sacrificio de la Pascua en honor del Señor. «En Egipto, él pasó de largo ante las casas de los israelitas: mientras castigaba a los egipcios» (Ex 12, 26-67).
La Pascua significa “que Dios pasó” por les casas de los Israelitas en Egipto para liberarlos de la esclavitud. Y que Dios ha pasado también por nuestras vidas haciéndose hombre, muriendo en la cruz y resucitando para liberarnos del pecado y llevarnos a la verdadera tierra prometida, que es la vida eterna. Por eso es bueno rezar juntos, si es posible, y comentar lo que celebraremos estos días: el jueves la institución de la Eucaristía, fuente y pilar de la vida cristiana y el mandamiento del amor, el viernes la Pasión y muerte del Señor en la Cruz, sábado y domingo su Resurrección y su triunfo. Nos ayudará también participar en el vía crucis o en alguna de las procesiones que se pueda hacer en varios pueblos y parroquias para que aprendamos los sentimientos de Cristo que muere para dar vida.
Sea como fuere, os deseo a todos que estas celebraciones, en estos días santos, en las parroquias o comunidades en las cuales nos encontraremos, transformen nuestro interior y nos ayuden a sentirnos cristianos más convencidos, más queridos por Dios, a vivir más cerca suyo.


