Fecha: 18 de enero de 2026

Las palabras que encabezan este escrito forman parte del texto bíblico que fundamenta este año la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que iniciamos hoy y que terminará el día 25, fiesta de la conversión de San Pablo.

Y aunque a lo largo de esta semana se sucederán diversos actos en nuestras parroquias e iglesias, y en las comunidades reformadas también, lo más importante es que no debemos hacerlo únicamente movidos por un buen deseo sino como respuesta a un designio y una llamada de Dios expresados en las palabras que Jesús mismo dirige al Padre poco antes en su pasión: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). Y que también recoge San Pablo diciendo: “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que habéis sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida”  (Ef 4,4).

Así pues, el verdadero motivo de este Octavario y de nuestra oración por la unidad es Dios mismo. Unidad que debe reflejar la relación profunda con Dios y debe ser icono, imagen de la Santísima Trinidad porque su fundamento se encuentra en las Personas Divinas, en su unidad en el amor. Éste es el fundamento del ecumenismo, el deseo de que seamos uno en ellos, y la urgencia y la necesidad de la unidad para una auténtica evangelización.

El papa León, en sus primeras palabras habiendo sido elegido sucesor de san Pedro, el día 8 de mayo de 2025, hizo referencia a la también a la paz y la unidad. En su mensaje a toda la humanidad nos decía: «Dios nos ama, Dios ama a todos y el mal no prevalecerá. Estamos todos en manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos, cogidos de la mano con Dios y entre nosotros seguimos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad le necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayudadnos también vosotros, y después ayudaos unos a otros a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un único pueblo siempre en paz”.

También San Pablo en su primera carta a los Corintios nos presenta tres ideas sugerentes para nuestra reflexión (Cfr. 1 Cor 12, 12-27). En primer lugar, la referencia al cuerpo como imagen de la Iglesia querida por Cristo. Refleja la naturaleza misma de la Iglesia, llamada a reunir a pueblos diversos más allá de las barreras geográficas, nacionales o étnicas. En segundo lugar, la fe en un solo Espíritu, ya que este cuerpo está animado espiritualmente por el Espíritu Santo que le da forma y le impulsa a llevar a cabo la misión evangelizadora. Y por último la referencia a la esperanza en el destino común de los hijos de Dios, que no es otro que la vida eterna en Cristo, empezando a vivirla ya aquí ahora.

La invitación del Santo Padre a caminar juntos, unidos, y a construir verdaderos puentes de diálogo resuena de nuevo en nuestros corazones especialmente en esta semana de oración que nos reúne a todos. Os invito, pues, a vivir con intensidad y profundidad esta semana de oración, a ser constructores de unidad entre nosotros, en nuestras familias y en las comunidades cristianas, para que el mundo pueda creer en Jesucristo, y a hacernos eco de su unidad en el amor en nuestras vidas.