Fecha: 12 de abril de 2026
Gracias a la colaboración de todos vosotros, con gozo y humildad podemos decir que la Iglesia de Barcelona puede continuar con fuerza su labor pastoral. A modo de ejemplo, en el último año, las parroquias de la archidiócesis han celebrado más de 250.000 eucaristías y se han administrado más de 10.000 otros sacramentos. A nivel educativo, podemos destacar que más de 110.000 niños y jóvenes se forman en un total de 180 centros: escuelas parroquiales y religiosas, facultades eclesiásticas, universidades e institutos superiores.
La actividad caritativa de la Iglesia en la Archidiócesis es muy relevante. Ha llegado a más de medio millón de personas en situación de pobreza. Además, más de 43.000 personas han sido acompañadas en su búsqueda de empleo y oportunidades laborales.
Ya ha comenzado la campaña de la declaración de la renta y ahora es un buen momento para pensar en las necesidades que hay a nuestro alrededor. Entre todos podemos ayudar a los que más lo necesitan. Desde la Iglesia, con vuestro apoyo, podemos seguir nuestra misión evangelizadora y nuestra labor social. Vuestro apoyo es fundamental y podéis expresarlo con un pequeño gesto cuando hacéis vuestra declaración, marcando la cruz en la casilla destinada a la Iglesia. Si marcáis a la vez la casilla de la Iglesia y la de fines sociales, también contribuiréis al bien de todos. Os animo a marcar las dos casillas.
La Iglesia lleva a cabo una tarea ingente y necesita recursos. Gracias a Dios, vuestra contribución permite llegar a muchos lugares con necesidades sociales donde no puede llegar la administración. Cuando nos ocupamos de las necesidades de los más vulnerables, nos ocupamos de Jesús. En el Evangelio de Mateo leemos esta gran sentencia: «Todo lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). La Iglesia sigue la misión que nos encomendó Jesús: atender al desvalido y anunciarle la Buena Noticia.
Muchas personas responden a la llamada que nos hace Jesús y se hacen voluntarias o trabajan inspirándose en los valores cristianos. Y lo hacen no solo prestando un servicio eficaz, sino regalando lo más importante: amor. Un amor que se transmite con una mirada, con una sonrisa, con un gesto. Este amor, cuando lo recibimos, nos transforma, endulza vidas amargas y da coraje a los desvalidos. Sentirse parte de esto es entrañable y no tiene precio. Muchas personas, gracias a la labor de la Iglesia, a veces pasan de ser personas ayudadas a colaborar activamente en la preciosa tarea de ayudarnos unos a otros.
Queridos hermanos y hermanas, apoyar a la Iglesia es, sobre todo, anunciar la Buena Nueva del Evangelio y transmitir la esperanza que viene de Jesús, el Hijo de Dios, que camina con nosotros. Seamos como el grano de mostaza que aparece en el Evangelio. La minúscula semilla de mostaza crece hasta llegar a ser un árbol en el que los pájaros hacen nido en sus ramas (cf. Mt 13,32). Ojalá que, como san Francisco de Asís, sepamos transformar nuestros anhelos en caminos de paz, fraternidad, amor a Dios y amor a los hermanos, atendiendo especialmente a los que más nos necesitan.


