Fecha: 15 de febrero de 2026

El pasado 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, celebramos la Jornada Mundial del Enfermo. Este día la Iglesia recuerda con cariño a todas las personas vulnerables por la enfermedad, que se han quedado al borde del camino de la vida.

El lema que el Papa ha elegido para la Jornada de este año es: «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro». Este lema está inspirado en uno de los textos más conocidos y bellos del Evangelio de Lucas: la parábola del buen samaritano.

Jesús dirige esta parábola a un maestro de la Ley, una persona que conoce profundamente las Sagradas Escrituras. Jesús quiere contestar a dos preguntas: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? y ¿quién es mi prójimo? No responde de manera teórica, sino que contesta con una narración.

Así cuenta la historia de un hombre que baja de Jerusalén a Jericó y es asaltado a mitad de camino por un grupo de ladrones que lo dejan medio muerto. Por aquel camino pasan tres personajes. Los dos primeros son personas respetables y muy religiosas. Al verlo, pasan de largo. Sin embargo, el tercero, un samaritano, siente compasión por el herido y se acerca a él, lo atiende y se preocupa por su estado hasta su plena recuperación.

El samaritano no era una persona de especial relevancia. Más bien al contrario, pertenecía a un grupo religioso que era menospreciado por la mayoría de sus contemporáneos judíos. El samaritano representa a cada uno de nosotros cuando, pese a nuestras limitaciones y pecados, nos preocupamos por el vecino de nuestra escalera que está delicado de salud; cuando visitamos en el hospital a nuestro compañero de comunidad que sufre alguna enfermedad o cuando escuchamos con ternura aquel familiar de edad avanzada que nos repite sus historias…

Algunos Padres de la Iglesia explican que el buen samaritano representa a Cristo. Él se acerca con amor a nuestra humanidad herida. Le afecta nuestro dolor. Su Palabra es un bálsamo que cura nuestras llagas. Cristo, mediante los sacramentos, nos alimenta y renueva nuestras fuerzas. Cristo es el buen samaritano que nos pide que le reconozcamos en los rostros de todos aquellos que padecen alguna enfermedad.

La Iglesia es un testimonio auténtico del Evangelio cuando es realmente compasiva con todos sus semejantes, cuando reconoce que está formada por sanadores heridos y cuando camina junto a todos aquellos a los que el sufrimiento ha dejado al borde del camino. Cuando nos ocupamos de ellos empezamos a vivir, ya aquí y ahora, un pedacito de la vida eterna.

En este sentido, el logo de la Jornada Mundial del Enfermo de este año representa a un corazón en cuyo centro hay una persona encorvada, oprimida por la enfermedad. Junto a él, hay otra persona que la acompaña, la rodea con delicadeza y la abraza. Este dibujo nos recuerda la importancia de tener siempre en el centro del corazón a nuestros hermanos enfermos y vulnerables.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que seamos realmente una «Iglesia samaritana» que ore y se preocupe por los más vulnerables. Que María proteja bajo su manto a todos los enfermos, especialmente a aquellos que han perdido la esperanza.