Fecha: 1 de febrero de 2026
Este año, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, enmarcada en la fiesta de la Presentación del Señor, nos regala este lema profundo y motivador: «¿Para quién eres?». La pregunta nos invita a comprender que nuestra vida no nos pertenece, que no podemos contemplarnos a nosotros mismos tratando de descubrir la propia identidad, que la misión se nos pide y se nos concede como un don: no la elegimos ni la merecemos.
¿Para quién vivimos? ¿Para quién actuamos? ¿Para quién gozamos y sufrimos? Esta pregunta es una luz en un mundo demasiado marcado por el individualismo y la autorreferencialidad, donde cada uno, se ve tentado a encerrarse en sus propios gustos y criterios, y donde todos enfermamos cuando faltan proyectos ilusionantes y relaciones personales sanas. Vivir para Otro, vivir para los demás: este es el secreto del cristianismo y, por tanto, de la vida consagrada, que no es otra cosa que vivir el cristianismo de manera radical.
En este contexto, la vida consagrada testimonia el don precioso de la entrega total. Enamorados de Dios, de su voluntad y de su paz, cautivados por aquella llamada que abrasa los corazones: «Por eso, yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón» (Os 2,16). Apasionados también por tantos hermanos y hermanas con quienes lo comparten todo, con quienes deciden maduramente vivir unidos, de modo que «todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor» (Ef 4,16). Amantes, además, de tantos hombres y mujeres que necesitan sentir el abrazo infinito y gratuito de Dios, que anhelan descubrir el rostro de Aquel que «enaltece a los humildes, y a los hambrientos los colma de bienes» (Lc 1,52-53).
En definitiva, hombres y mujeres movidos por el Espíritu, seguidores entusiastas de Jesús de Nazaret, anunciadores del amor de Dios que transforma todas las cosas. Monjes y monjas de vida contemplativa, ermitaños, religiosos y religiosas de vida activa dedicados a la educación, a la atención sanitaria, al acompañamiento de los pobres, de los migrantes, de los enfermos o de los excluidos.
La Jornada de la Vida Consagrada es un momento de acción de gracias por tantas vidas entregadas sin reservas, por tantas historias ocultas que han hecho posibles comunidades vivas, parroquias acogedoras, escuelas con alma y espacios de misericordia. Y es también una invitación a toda la comunidad diocesana a sentirnos responsables de cada servicio eclesial. Por ello, todos juntos pedimos que el Señor siga suscitando nuevas vocaciones, especialmente entre los jóvenes.
Por cierto, si aún no lo habéis hecho, os recomiendo que veáis la película Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, en la que se narra el discernimiento de una joven a la hora de entrar en un convento de religiosas. Es una obra que no deja indiferente a nadie y que suscita una profunda reflexión al salir del cine.
Vuestro,


