Fecha: 1 de marzo de 2026

En este momento de nuestra familia diocesana, siento la necesidad de dirigiros una palabra de agradecimiento y esperanza. La Iglesia universal nos pide avanzar en la fase de aplicación de la sinodalidad y lo hace recordándonos que este proceso no es solo organizativo, sino profundamente espiritual: un estilo de ser, de pensar, de relacionarse y de servir al evangelio de la paz y a la cultura de la vida. No queremos ser calentadores de banquillo, sino todos jugadores que salten al campo de las calles, pueblos y ciudades, al encuentro de familias, jóvenes, periferias, vida social y cultural, para anunciar a Jesucristo, la belleza que salva al mundo.

En nuestra diócesis hemos vivido con intensidad el proceso sinodal y ahora toca hacerlo vida. Por eso os invito a todos, presbíteros y diáconos, laicos y consagrados, a implicarnos activamente en esta etapa de adecuación de mentalidades y estructuras, para que respondan mejor al servicio de la comunión, la participación y la misión, tal como ya hemos ido discerniendo en nuestros espacios diocesanos y en el trabajo del Horizonte Sant Feliu 2035.

Un punto esencial de esta fase es iniciar con generosidad el camino hacia las unidades pastorales, que quieren ayudarnos a sumar, a crecer en espiritualidad y en dinamismo evangelizador. De este modo las parroquias, pequeñas o grandes, y los arciprestazgos, caminarán más juntos y coordinados, compartiendo y activando carismas, recursos, formación y responsabilidades y reforzando la identidad católica y misionera de cada bautizado y de cada comunidad.

Nos ayudará incorporar de manera estable la conversación en el Espíritu, aprendiendo a escucharnos con sinceridad, discernir juntos y acoger aquello que el Espíritu quiera suscitar en el Santo Pueblo de Dios. Solo así podremos ayudarnos a pasar de ser creyentes o no creyentes, a discípulos misioneros, testigos humildes pero valientes de quien ha encontrado el amor de Jesucristo y su Reino.

¡Vamos! Dejémonos sorprender por la gracia y caminemos unidos en la diversidad. El Señor Resucitado ya está abriendo caminos nuevos. Pongámonos en marcha con generosidad, dejando que la hora del amor y la confianza en Dios y en la Iglesia sean el motor de todo. Digamos al Señor: En tu palabra, echaré las redes (Lc 5,5).