Fecha: 5 de abril de 2026

En este Domingo de Pascua, 5 de abril, celebramos el corazón de la fe cristiana: Cristo ha resucitado y, con Él, también nosotros somos llamados a una vida nueva; en este día santo, que corona el Triduo Pascual, la luz vence a la oscuridad y la muerte pierde su dominio, abriéndonos a una esperanza que no se agota; la Resurrección, centro de la historia, transforma el dolor en vida y nos revela nuestra vocación: vivir como resucitados, testigos de una esperanza indestructible y portadores de una luz que no se apaga.

La Catedral de Santa María de Urgell se ha llenado de fieles de la ciudad y de pueblos vecinos que se han reunido para participar en la eucaristía presidida por el obispo de Urgell, Mons. Josep-Lluís Serrano, concelebrada por el Vicario General y rector de Sant Ot, Mn. Ignasi Navarri, por el Secretario General, Mn. David Codina, Mn. Lluís Eduard Salinas, el P. Luis de Guadalajara, y con el servicio del diácono Mn. Edinson-Josep Salas. El órgano, a cargo del organista Joaquim Poquet, ha solemnizado la celebración.

En su homilía, el obispo ha recordado que “somos emplazados a caminar estos cincuenta días que ayer por la noche comenzaron” y ha exhortado con claridad a “continuar anunciando”, presentando la Pascua como una experiencia viva: “entrar en el sepulcro vacío”, que se hace presente cada domingo en el altar, “donde vamos para encontrar que Cristo ha resucitado y dar esperanza a nuestro mundo”; ha destacado el cirio pascual como signo de una Iglesia que se entrega, afirmando que “ser Pascua, hacer Pascua, significa salvar” y que “damos esperanza cuando nos gastamos”, recordando con profundidad que “no hay cristianismo sin cruz ni cruz cristiana sin resurrección”; a partir del Evangelio, ha subrayado que “no es en absoluto un detalle menor” que María Magdalena sea la primera testigo, ya que “el Padre, por su misericordia, elige a una mujer que ha experimentado el alejamiento de Dios”, y que incluso “la experiencia de Dios nace también en el pecado”; en un tono abierto e inclusivo, ha afirmado que “en la Iglesia no hay forasteros: todos somos hijos e hijas de Dios”, y ha invitado finalmente a arraigarse en la Palabra, a “leer el Evangelio de san Juan” y a convertirse en “hombres y mujeres de palabra”, porque “el cristianismo no vive de una ideología, sino de la Palabra meditada y contemplada”, concluyendo con una exhortación: continuar anunciando el Evangelio con gozo y convertirse en sembradores de paz.

La celebración ha culminado con la concesión de la indulgencia plenaria por parte del obispo a todos aquellos fieles que, debidamente dispuestos, han recibido el sacramento de la reconciliación y han participado de la Eucaristía, como signo de la gracia que renueva y fortalece su camino de fe en este tiempo pascual.

La voz de la iglesia