Fecha: 31 de mayo de 2026
Dentro de una semana, del 6 al 12 de junio, el papa León XIV visitará nuestro país. Los días 9 y 10 visitará Barcelona y Montserrat. Es una buena ocasión para que los cristianos reafirmemos nuestra vinculación con el Papa, sucesor del apóstol san Pedro. Él viene a fortalecernos en la fe (cf. Lc 22,32).
Si consultamos los Evangelios, podemos fijarnos especialmente en el pasaje de Mateo 16,18, donde leemos: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Para empezar, Jesús le cambia el nombre: de Simón pasa a llamarlo Pedro, que quiere decir ‘piedra’, ‘roca’. Ya en el Antiguo Testamento, el cambio de nombre tenía una importancia primordial relacionada con la vocación recibida. Él, por tanto, haciendo presente a Cristo, debe ser roca, fundamento de la Iglesia. En este sentido, también es significativo que en el Nuevo Testamento solo se llame roca o piedra a Pedro y a Cristo.
Esto hará que en la primera comunidad cristiana el protagonismo de Pedro llegue a ser muy significativo. Podemos verlo claramente en el libro de los Hechos de los Apóstoles: Pedro dirige la elección de Matías (1,16-26), habla en nombre de los demás (2,14-41; 5,29-32), es el primero que acoge a un no judío en la Iglesia (10), es el primero en ejercer el don de hacer milagros (3,6), es el portador de la palabra principal en el Concilio de Jerusalén (15).
Las circunstancias históricas han hecho que el sucesor de Pedro sea el obispo de Roma desde los mismos inicios de la Iglesia. De ahí que el Concilio Vaticano II afirme que el obispo de Roma es el principio y fundamento de la unidad de la fe y de la comunión de toda la Iglesia universal. En cambio, cada obispo, solo en su diócesis, tiene también la misión de ser principio y fundamento de esta unidad y comunión eclesiales (Lumen gentium, 18.22).
Esto significa que todos los obispos, como sucesores de los Apóstoles, son fundamento de la Iglesia, pero Pedro es el fundamento radical. Todos los obispos han recibido el ministerio de santificar, enseñar y dirigir al pueblo de Dios, pero el Papa ha recibido este ministerio no solo como obispo de Roma, sino también en relación con toda la Iglesia.
De ahí que el Papa sea el primado en la Iglesia, un primado que no es para estar por encima de la Iglesia, sino para prestar un servicio a su unidad. Él es la cabeza del colegio episcopal y, por este motivo, dirige los asuntos de la Iglesia universal. Con todo, esto no significa que el Papa se encuentre aparte de los obispos, sino con los obispos y con la Iglesia. Primero es obispo de Roma, y a partir de este encargo ha recibido también la tarea de velar y cuidar de todas las demás Iglesias.
Valoremos adecuadamente este gran centro de unidad y de comunión que es el ministerio del Papa para toda la Iglesia, un ministerio que, en ocasiones, implicará que tenga que actuar personalmente, pero nunca separadamente de la vida y de la misión eclesiales. Roguemos también para que la visita del Papa dé sus frutos, nos fortalezca en la fe y nos dé nuevos ánimos para afrontar los grandes retos en la vida de nuestra Iglesia, de la sociedad y de nuestro mundo.
Vuestro,


