Fecha: 7 de junio de 2026
Este domingo celebramos el Corpus, la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Hoy recordamos el inmenso valor que tiene la Eucaristía. Y lo hacemos en un contexto muy especial: estamos entusiasmados por la visita apostólica del papa León XIV a nuestra tierra. Hoy el Santo Padre celebrará la solemnidad del Corpus con una gran celebración de la Eucaristía en Madrid.
La Eucaristía está siempre profundamente ligada a la caridad, concepto que proviene del término latino caritas y que significa amor. Dicen que somos lo que celebramos. Cuando celebramos la Misa, dejamos que nuestro corazón arda con el fuego interior que nos ofrece Jesús. Cuando nos dejamos habitar por su amor, transparentamos amor, un amor que se expande y que, además, nos hace felices. El amor es difusivo. Cuando somos amados, amamos y nos convertimos, sin saberlo, en un eslabón de una cadena de amor. Y entonces sucede aquello que nos decía san Juan de la Cruz: «Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor». En la Eucaristía entramos en comunión con Cristo y recibimos su Amor para poder vivir su mandamiento de amar al prójimo, como Él nos ha amado.
El papa León XIV, en su primera homilía del Corpus, afirmó de manera sencilla: «Cristo es la respuesta de Dios al hambre del hombre, porque su cuerpo es el pan de la vida eterna». Ciertamente, Dios es el único capaz de saciar el hambre de nuestra alma.
El «pan de Dios» nos da fuerza. Sí, un pan que reconfortó al angustiado Elías en un hermoso pasaje del libro de los Reyes (1Re 19,3-8). Cuando Elías, en el desierto, cansado y abatido, huía, dijo a Dios que no podía continuar. Entonces, un ángel le ofreció un pan; comió, se levantó y, con la fuerza de aquel alimento, continuó su camino.
Este pan que da fuerza para recorrer el camino de la vida viene del cielo y nos da vida. Es el cuerpo de Cristo que recibimos en cada Eucaristía. Así lo afirmó Jesús: «Yo soy el pan de vida: el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed» (Jn 6,35).
En la Eucaristía escuchamos la Palabra de Dios, que nos alimenta, y recibimos el cuerpo de Cristo en comunión con nuestros hermanos. Este miércoles tendremos la alegría de hacerlo presididos por el Vicario de Cristo en la tierra, el papa León XIV. Y lo haremos en el templo más bello de Barcelona y, por qué no decirlo, del mundo entero. Demos gracias a Dios por este gran regalo y por el don que nos ha hecho en la persona del venerable Antoni Gaudí.
La caridad, el amor de Cristo, nos impulsa a amar a los demás y a vivir nuestras responsabilidades como lo hizo Gaudí. El amor hacia los demás no es un sentimiento pasajero, es fruto de acoger en nosotros el amor incondicional de Dios. Si Dios nos ha amado hasta el extremo, nosotros debemos aprender a amar como Él.
Por eso hoy recordamos a Cáritas, la institución de la Iglesia que acoge a los más necesitados y trata de ayudarlos. Seamos generosos, colaboremos con Cáritas en la colecta de hoy o hagámonos socios. «Hay más alegría en dar que en recibir» (Hch 20,35).
Queridos hermanos y hermanas, recibamos el cuerpo y la sangre de Cristo como pan que nos alimenta y vino que nos purifica; como el alimento sagrado que nos diviniza y nos da una alegría profunda en el corazón que se contagia. Compartamos la alegría, como decía el papa Francisco, siendo como una habitación amplia y acogedora donde todos puedan entrar y encontrar al Señor (cf. Homilía del Corpus, 6 de junio de 2021).


