Fecha: 19 de julio de 2026

Durante unas semanas hemos estado reflexionando sobre diversos mensajes del Papa León en su visita a nuestro país. Quisiera reflexionar hoy sobre algunos aspectos de los temas que el Papa nos ha dejado en el Estadio Lluís Companys, en Montjuic, el pasado 9 de junio, y en la cárcel de Brians, el 10 de junio.

El Papa dialogó con tres jóvenes que le presentaron situaciones de gran complejidad, heridas y vulnerabilidades del ser, sufrimientos en la propia carne, como son la depresión o los malos tratos, y el sentido del perdón también. El Papa acogió aquellos testimonios escuchando con atención, con su mirada de amor y con el gesto significativo de un abrazo.

León XIV tomó como eje de su reflexión el encuentro de Jesús con Nicodemo según el evangelio de San Juan, recordando que todos somos peregrinos en la noche, mendigos de amor, que buscamos un significado que pueda sostener nuestra vida, nuestros dolores y sufrimientos, las penumbras de nuestra condición humana.

Nos recordó que no debe espiritualizarse el dolor «reduciéndolo superficialmente a la voluntad de Dios o a algún misterioso proyecto suyo». Porque Dios no quiere el sufrimiento humano, sino que lo comparte. Y sobre el sentido del perdón, constató que no es fácil, pero debe convertirse en camino de superación, pidiendo a Dios «que amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde estamos heridos, que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos y con esta parte de nuestra historia marcada por el sufrimiento, que lentamente transforme el resentimiento en misericordia y compasión».

En este diálogo con el mundo del dolor, también puso el dedo en la llaga sobre la responsabilidad humana, porque «no podemos atribuir a Dios lo que ha confiado a nuestra responsabilidad». Y por eso llamó a mejorar el sistema sanitario para acompañar y ayudar con más dedicación las situaciones de depresión que sufren muchos jóvenes, o los sistemas de prevención en los malos tratos y abusos.

En el Centro Penitenciario “Brians 1” su intervención fue un llamamiento a la esperanza, a levantar la mirada más allá de la pobre realidad humana: “Aunque la angustia y la tristeza marquen algunos momentos de su camino, recuerden que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”. Y por eso es necesario que «hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferremonos a él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos». Y acabó con unas palabras que son sin duda dichas también para nosotros: «os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno les digo: ¡Dios te quiere como eres, pero te sueña mejor!»

Alcemos, pues, la mirada porque si lo pensamos bien, ¿quién no tiene heridas en su vida, ¿quién no está necesitado de perdón, de perdonar y de ser perdonado? ¿Quién no ha experimentado el dolor más profundo del corazón al sentirse decepcionado, traicionado o humillado? Levantemos mirada a la esperanza auténtica que supone mirar hacia arriba, sí, pero sin dejar de mirar el sufrimiento del mundo.