Fecha: 26 de julio de 2026

Acabamos hoy las reflexiones que hemos ido haciendo a partir de las palabras del Papa León en su viaje apostólico a nuestras tierras, y ponemos de relieve lo que nos ha dicho, su magisterio, por tanto, respecto a los más necesitados. Desde su discurso en el Congreso de los Diputados, en el que hizo hincapié en la defensa de la dignidad de la persona humana y del valor de la vida desde su concepción hasta su fin natural, su mensaje nos ha llevado a mirar al Señor mirando a la vez a nuestros hermanos. Su gesto de lanzar una corona de flores en el océano en recuerdo de tantas personas que han perdido la vida haciendo una terrible travesía queda también en nuestro recuerdo colectivo.

León XIV nos ha hablado de las actitudes que como cristianos debemos tener hacia los hermanos más necesitados. En el Centro CEDIA de Madrid nos recordó que debemos escucharnos unos a otros para afrontar los retos que se nos presentan «sin ignorar la complejidad de las situaciones, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y la justicia». Sus palabras emanaban de un corazón empapado de la caridad de Cristo, tal y como se muestra en los textos evangélicos que en cada lugar comentó. Si la mirada de Dios acompaña la vida de cada persona, la mirada de los hombres también debe estar en todas estas realidades, especialmente las más duras. Porque como dijo en el centro penitenciario de Can Brians: «Dios te quiere como eres, pero te sueña mejor».

Tuvo también palabras de denuncia ante el drama que sufren muchas personas, el drama migratorio que el Papa nos recordó desde Las Palmas de Gran Canaria y que debe promover un verdadero examen de conciencia en las naciones de origen y en los países de tráfico y de acogida. Denunció con firmeza las redes criminales, así como las actitudes de personas que rechazan o criminalizan a aquellos que vienen de lejos. Nos recordó que de una forma u otra todos somos migrantes, peregrinos hacia la Casa del Padre.

Finalmente, renovando el compromiso de la Iglesia y los cristianos hacia los colectivos más desfavorecidos nos recordó en la iglesia de San Agustín, en Barcelona, ​​que “la caridad evangélica, fundada en Jesucristo y alimentada por su amor, da forma e identidad a la vida personal y comunitaria de todo cristiano». Nos invitó a ser testigos creíbles de la esperanza cristiana precisamente a través del servicio a quienes viven en condiciones de precariedad, en la marginación o en medio de todo tipo de fragilidad. Y para ello hizo un llamamiento a la conversión a través de nuestra mirada, y la misericordia debe empezar con gestos pequeños y de proximidad. Ellos son miembros de nuestra familia como nos recordó también desde Las Palmas de Gran Canaria, “la acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegado únicamente en algunos voluntarios”. Es tarea y misión de toda la comunidad cristiana.

Que nuestra mirada hacia los hermanos nos acerque cada vez más a la mirada de Dios para que, alzando la vista hacia Él, sepamos mirar como Él a todos nuestros hermanos, todas las situaciones de sufrimiento que hay en nuestro mundo.