Fecha: 27 de septiembre de 2026
Hoy celebramos la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, y el papa León XIV nos propone como lema unas palabras inspiradas en el Evangelio de Mateo: «Incluso uno solo de estos pequeños» (cf. Mt 18,10). El Papa nos invita a ver personas y no cifras cuando hablamos de migración.
Entre los migrantes y refugiados hay niños especialmente vulnerables, niños que han tenido que dejar su tierra, separarse de su familia, afrontar viajes peligrosos o comenzar de nuevo en otra tierra. El mensaje del Papa pone de relieve el drama que viven estos niños. Seamos conscientes de ello y no olvidemos que cada niño es hijo de Dios. Como dice el Santo Padre, «en cada niño, de hecho, podemos acoger y encontrar al Señor».
Es necesario que reconozcamos nuestra responsabilidad personal y comunitaria ante la situación de estos pequeños hermanos nuestros. No basta con lamentar las injusticias ni reclamar soluciones a los demás. Cada uno de nosotros puede, con nuestras acciones y actitudes, crear espacios donde los niños se sientan acogidos e integrados. No permitamos que el drama migratorio les robe la inocencia y la alegría.
Nosotros podemos hacer mucho. En nuestra diócesis conviven personas de origen, lengua y cultura diversas. Esta diversidad puede comportar dificultades, pero también es una riqueza. Seamos un lugar de acogida para los migrantes y dejémonos enriquecer por aquello que ellos nos aportan. Seamos una comunidad donde nadie sea considerado extranjero. Creemos espacios donde todos puedan participar, rezar, servir y sentirse parte del pueblo de Dios. ¿Quién sabe si dentro de unos años nosotros tendremos que emigrar a otro país? Muchos migrantes que llegan hoy a nuestra tierra probablemente nunca habían pensado que tendrían que hacerlo.
Esta Jornada debería hacernos reflexionar y entender qué mueve a tanta gente a dejar su tierra y, en muchos casos, a jugarse la vida. Sigamos el sencillo pero sabio consejo que se recoge en la Sagrada Escritura: «El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto» (Levítico 19,34).
Conozco algunas familias que han optado por acoger a un menor migrante y el proceso, si bien no ha sido fácil, ha sido una experiencia maravillosa para la persona migrante y para la família que lo acoge. De hecho, el joven se integra en la sociedad, estudia y se forma para servir al mundo con su trabajo y sus dones. Son jóvenes muy agradecidos que ayudan a construir un mundo mejor. En este sentido, os invito a ver la película Viaje al país de los blancos, que recoge las vivencias de Ousman Umar.
Queridos hermanos y hermanas, que esta Jornada nos ayude a ser cada vez más una comunidaddonde nadie sea rechazado y donde todos se sientan acogidos. Que la Virgen de la Merced proteja a los niños y jóvenes que han tenido que abandonar su hogar y sufrir las migraciones forzadas. Son, sin duda, historias humanes estremecedoras. Que nunca ningún niño sea protagonista de una de estas historias; que nunca ningún niño se encuentre solo ante los peligros y las mafias lejos de su tierra. Hagamos que todos los ninos puedan vivir una vida digna.


