Fecha: 11 de octubre de 2026
Queridos hermanos y hermanas:
El pasado 3 de octubre celebramos el encuentro de los Consejos Pastorales Parroquiales y del Consejo Pastoral Diocesano. Fue una jornada de fraternidad, de oración y de escucha; una oportunidad para poner en común la vida de nuestras comunidades, compartir inquietudes y esperanzas y discernir juntos algunos de los retos que tenemos por delante.
Doy gracias a Dios por este encuentro y por tantas personas que ofrecen generosamente su tiempo y sus dones al servicio de la Iglesia. Ahora, la escucha y el discernimiento nos tienen que llevar al compromiso. La realidad de nuestras parroquias es diversa: hay Consejos Pastorales que ya son espacios de comunión y corresponsabilidad, otros necesitan ser revitalizados y hay comunidades donde todavía no existen. Que esta realidad nos interpele y nos impulse a seguir avanzando.
Tenemos, por tanto, deberes por hacer como Iglesia diocesana. Allí donde los Consejos ya existen, tenemos que ayudarlos a crecer para que no sean solo lugares de información o de coordinación de actividades. Han de ser espacios donde podamos mirar juntos la realidad, escucharnos, orar, discernir y buscar caminos concretos para la evangelización. Están llamados a ser verdaderos instrumentos de comunión y de misión, donde aprendamos a caminar, pensar y proyectar juntos.
Y allí donde todavía no existen, tenemos que trabajar para que puedan nacer. Espero que el encuentro del pasado 3 de octubre sea también un impulso para que, durante este curso, podamos ir constituyendo nuevos Consejos Pastorales Parroquiales en aquellas comunidades que todavía no los tienen. No se trata de crear una estructura más, sino de abrir espacios reales de participación, escucha y discernimiento al servicio de la misión.
Este camino tenemos que hacerlo juntos. Presbíteros, diáconos, laicos y personas consagradas, desde vocaciones y responsabilidades diferentes, estamos llamados a poner los dones recibidos al servicio de una misma misión. Necesitamos pastores dispuestos a escuchar y a dejarse aconsejar; laicos que asuman con decisión la responsabilidad que nace del Bautismo; y la riqueza de los diferentes carismas de la vida consagrada. Todos somos necesarios. El don del consejo requiere tanto la capacidad de aconsejar como la docilidad para la escucha fraterna.
Por eso, después del encuentro, nos queda una pregunta muy concreta: ¿qué paso podemos dar ahora en cada parroquia? Si no tenemos Consejo Pastoral, ¿qué podemos hacer para constituirlo? Si ya lo tenemos, ¿qué tenemos que renovar para que sea cada vez más un espacio real de escucha, discernimiento e impulso misionero?
Que el encuentro del 3 de octubre no sea, pues, un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. Que aquello que hemos escuchado y discernido juntos se convierta ahora en compromiso, en pasos concretos y en vida para nuestras comunidades.
Tenemos un camino que recorrer y un trabajo que realizar. Hagámoslo juntos, con la mirada puesta en Jesús y dejándonos guiar por el Espíritu.


