Fecha: 15 de marzo de 2020

Estimados:

La vocación al magisterio ha sido y será una de las más nobles. Comporta, por principio, una atención a los otros en búsqueda de su bien. Cierto que puede ser minada por el egoísmo, que daña tanto. No obstante, siempre que el maestro se replantea su identidad, recupera la mirada hacia fuera. Los ojos abiertos de los adolescentes, a veces inquisidores, a veces apáticos, os ganan el alma. Se hace realidad el pensamiento del pedagogo Alexandre Galí (1886-1969): «La gente ha creído que me interesaba la pedagogía o la escuela…, pero a mí lo que me interesa es el niño».

Quienes sois maestros cristianos vivís esta vocación desde la respuesta al Maestro que «pasó haciendo el bien» a todos (Hechos 10,38), y que «no vino a ser servido, sino a servir y a dar la vida» (Marc 10,45). Vosotros sois doblemente urgidos a hacer de la vida un servicio. Ahora bien, si vuestra misión de guía es reclamada por el bien del alumno, debe ser, lógicamente, respetuosa con su persona y con el proyecto de vida que sus padres tengan para él. En la medida en que las materias que explicáis tienden a conformar la vida, los maestros debéis tener una gran atención y respeto por los chicos y chicas, procurando, a la vez, que sus familias comprendan el proyecto educativo que lleváis a cabo con tanta dedicación y se integren en el mismo.

Centrémonos ahora en la clase de Religión. La afirmación puede sorprender, pero es válida: «Un maestro cristiano debería desear dar clases de Religión». Si la Religión es una de las materias en la que se refleja y se comunica vida, es lógico que un maestro que ama su fe desee transmitir los contenidos y las razones de aquello que vive a los alumnos que piden esta enseñanza.

La clase de Religión es, para el maestro, una forma de identificarse a sí mismo y ante los compañeros de claustro. Cuando en un claustro se vive un clima de libertad auténtica y de democracia, la opción de enseñar Religión merecerá respeto como las otras opciones hechas desde convicciones que autentifican la vida.

Hay que dar la clase de Religión con la máxima competencia. Los alumnos tienen derecho a ello, como lo tienen en lengua, matemáticas, biología o en cualquier otra materia. Necesitamos una clase científicamente bien dada tanto por los contenidos como por la pedagogía. Esto, lo sabéis por experiencia, exige preparación.

Recuerdo finalmente que las preinscripciones escolares del curso 2020-2021 serán del 23 de marzo al 1 de abril. Es el momento en el que los padres tienen que decidir en relación a la clase de Religión de sus hijos. Seguro que si conocen vuestro proyecto cristiano de vida y vuestro testimonio, les será más fácil pedir que sus hijos se inscriban en la clase de Religión.

Animo a todos los maestros cristianos a mantener el buen tono y a dar «la debida información sobre el hecho religioso y la cultura cristiana y sobre su incidencia en la historia, en el arte y en las costumbres de nuestro país» (CPT 11), como pedía el Concilio Provincial Tarraconense de 1995.

Vuestro.