Fecha: 5 de julio de 2026
El primer domingo de julio celebramos nuevamente la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, una iniciativa de la Conferencia Episcopal Española, en pleno inicio de los desplazamientos de verano y muy cerca de la festividad de san Cristóbal, patrono de los conductores y transportistas, que celebramos cada 10 de julio.
Esta jornada nos recuerda que la carretera no es solo una vía para transitar, sino también un lugar donde se pone a prueba nuestra humanidad, nuestro respeto por los demás y nuestra mansedumbre. Conducir es una responsabilidad moral, ya que nuestras acciones pueden afectar gravemente a los demás. Detrás de cada volante hay una persona, una familia, una historia y un camino por recorrer.
En el mensaje del año pasado para esta jornada recordábamos que, cuando preparamos un viaje, antes de salir a la carretera, «no se puede dejar nada al azar cuando hay vidas humanas en juego». Esta afirmación sigue siendo plenamente actual. Vivimos en una sociedad acelerada, marcada a menudo por las prisas, la distracción y el estrés. La velocidad excesiva, la falta de atención, un mantenimiento inadecuado del vehículo, el uso irresponsable del teléfono móvil o la conducción bajo los efectos del alcohol y otras sustancias pueden convertir un instante de imprudencia en un drama.
La prudencia, la paciencia y el respeto no son solo virtudes loables en la conducción; son auténticas expresiones de caridad cristiana. También en la carretera estamos llamados a amar al prójimo. Cada vez que cedemos el paso, respetamos un límite de velocidad o conducimos con serenidad, estamos protegiendo nuestra vida y la de los demás, y contribuimos así al bien común.
Esta jornada quiere ser también un reconocimiento sincero a todas las personas que trabajan cada día al servicio de la movilidad y de la seguridad en la carretera: conductores profesionales, trabajadores de las carreteras y de las estaciones de servicio, agentes de tráfico, bomberos, personal sanitario, etc. Su labor es imprescindible y merece gratitud y apoyo.
La tradición cristiana ha conservado también la buena costumbre de bendecir los vehículos y encomendarse a Dios antes de iniciar un viaje. Cuando nos ponemos en camino, reconocemos que necesitamos la protección del Señor y le pedimos saber actuar con responsabilidad.
Este verano habrá, como cada año, muchos vehículos en la carretera. Recemos para que todos podamos disfrutar del trayecto y regresar a casa sanos y salvos. Recemos también por las víctimas de los accidentes de tráfico y por sus familias. Detrás de cada siniestro hay dolor, ausencias y heridas que muchas veces duran toda la vida. Por eso, prevenir accidentes es también una obra de misericordia y una exigencia de nuestra conciencia.
Queridos hermanos y hermanas, que santa María, modelo de prudencia, y san Cristóbal intercedan por todos nosotros. Y que el Señor bendiga nuestros caminos para que sean siempre espacios de vida, de respeto y de esperanza.


