Carta de los obispos de las diócesis con sede en Cataluña ante la visita del papa León XIV

«Bendito el qui viene en nombre del Señor» (Mt 21,11)

 

 A las puertas de la próxima visita del Santo Padre León XIV a nuestra casa, los obispos de las diócesis con sede en Cataluña manifestamos el gozo y la esperanza que genera este acontecimiento en todos nosotros. Con estas breves líneas reconocemos la alegría de esta visita, al mismo tiempo que se reaviva en nosotros la conciencia de reconocer que somos humildes servidores de todo el pueblo de Dios.

«Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos» (Lc 22,32). Estas son las palabras que Jesús dirige a Pedro durante la Última Cena. Y es el mandato que el Santo Padre viene a cumplir y que sostiene su misión: fortalecernos en la fe. Siendo fuertes en el Señor, Él mismo es quien abre en nosotros el horizonte de la esperanza y nos invita a vivir según el criterio de la caridad.

Desde esta misión clara que tiene el Papa, a imagen de Jesús, el buen Pastor, de estar cerca de toda la humanidad, queremos invitar a todas las comunidades cristianas de nuestra tierra a vivir esta visita como una experiencia viva de fe. «Alzad la mirada» es la invitación de estos días para fijarnos de nuevo en Jesús. La cruz elevada, que corona la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona y que León XIV bendecirá, es expresión de la necesidad de mirar con fe a Jesucristo, muerto y resucitado, nuestra esperanza. Desde la cruz experimentamos la vida como una alegría misteriosa que nos impulsa a seguir con firmeza nuestro camino.

El Santo Padre viene a Cataluña, como en el año 1982 nos visitó san Juan Pablo II y en 2010 Benedicto XVI. Lo hace en un momento complejo y apasionante. Nuestro mundo vive retos urgentes. Con las palabras que sin duda nos dirigirá seremos invitados a no acomodarnos resignadamente en los conflictos, en las injusticias ni en el sufrimiento. En modo alguno podemos dar la espalda a los más necesitados, a los más heridos y a los más pobres. Vivir la fe significa hacernos cercanos, disponibles a todos los que necesiten una mano amiga, desde la sencillez de Cristo, el que ha venido a dar la vida y a lavar los pies de nuestros cansancios cotidianos.

Deseamos que esta visita sea un claro eco de la paz de Cristo resucitado, siempre «desarmada y desarmante». La voz profética del Papa es expresión de su deber, como enviado a anunciar el Evangelio de la paz por todo el mundo. Os invitamos a uniros al clamor del Papa en favor de la paz y a darle nuestro apoyo. Acompañarlo en esta visita no quiere ser más que una expresión de paz y de esperanza en un mundo nuevo, como él mismo afirmaba: «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!» (Oración por la paz, 11 de abril de 2026). Se trata de un clamor compartido por quienes queremos seguir el Evangelio de Jesús y por todas las personas de buena voluntad.

Anhelamos que los encuentros que viviremos próximamente —en directo o a través de los medios de comunicación—, nos impulsen a ser cada vez más la Iglesia que peregrina en esta tierra: creyente, creíble, misionera, acogedora y coherente con su hoja de ruta, el Evangelio. Nuestras comunidades deben aspirar a convertirse en espacios de reconciliación, de diálogo, de oración y de una fe bien viva, es decir, fraterna y filial. Las numerosas realidades eclesiales de nuestro presente, y en especial las más jóvenes, han de poder ser acompañadas y conocidas como lo que son: una realidad llena de matices, que quieren ser expresión del misterio del Amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Aún más. No queremos descuidar en modo alguno la expresión más bella de la fe, aquella que a través del servicio generoso manifiesta de manera concreta qué significa amar. Así lo descubrimos en Jesús y en el misterio de la entrega total que Él realiza en la cruz. «Contempladlo y quedaréis radiantes» (Sal 34,6), es así como progresaremos en el camino de nuestra historia de salvación, dándonos con Amor. Esta es la belleza que transformará nuestras fragilidades en signos de la presencia de un Dios que siempre nos invita a la esperanza.

Invitamos, pues, a las comunidades cristianas de Cataluña a incrementar en estos días la oración por el fruto de la visita del sucesor de Pedro, «principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad» (LG 23). En el libro de los Hechos de los Apóstoles leemos que «mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5). Y, después, tras salir milagrosamente de la cárcel, con ocasión de su visita a la casa de María, la madre de Juan, llamado Marcos, volvemos a leer que «había muchos reunidos en oración» (Hch 12,12). La fuerza de la oración de la comunidad sostiene el ministerio de Pedro. También nosotros, pues, como la primera Iglesia, debemos orar constantemente al Señor por el sucesor de Pedro y, de manera particular, por el fruto espiritual de esta visita.

Ojalá que, con esta visita, nos descubramos urgidos a seguir favoreciendo y consolidando arquitecturas de esperanza, de bondad y de alegría, espacios de Dios que, rechazando toda forma de reducción y polarización, nos conceda la gracia de comprender este tiempo que vivimos. Que, muy cerca de María, bajo la advocación de Montserrat, no nos dejemos arrastrar nunca por la confusión, sino que, al contrario, lleguemos a ser instrumentos humildes de un mundo nuevo que nace de Cristo muerto y resucitado.

 

† Los obispos de las diócesis con sede en Cataluña