Fecha: 13 de junio de 2021

Estimados y estimadas,

Hoy los cristianos de Segur de Calafell están de fiesta. Después de más de cuarenta años de haberse constituido, en la época del arzobispo Josep Pont i Gol, la tenencia de la Mare de Déu de l’Assumpció, dependiente de la parroquia de SantCristòfol de Cunit, hoy, en el marco de una Eucaristía que celebraré con todos ellos, dicha tenencia se constituirá en parroquia. Las razones para su creación son obvias. La población alcanza los 14.000 habitantes, habiéndose establecido, al abrigo de la iglesia de la Assumpció, desde hace años, una sólida vida eclesial que se ha continuado fortaleciendo últimamente, a pesar de las dificultades. Tal como indica el mismo Derecho Canónico, «la parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de una manera estable en la Iglesia particular» o diocesana (CIC 515,1). Simplificando y sintetizando, podríamos decir que el factor decisivo en la creación de una parroquia es la consistencia del grupo humano que solicita la institución. Si la parroquia de donde se debe hacer la segregación no se opone frontalmente, la nueva entidad surge sin dificultad, como ha sido en el caso de Segur de Calafell. También, el Derecho Canónico afirma que «corresponde exclusivamente al Obispo diocesano erigir, suprimir o cambiar las parroquias», pero para llevarlo a cabo «debe haber oído al consejo presbiteral» (CIC 515,2). En el caso que nos ocupa, dicho Consejo, en la reunión del pasado 2 de marzo dio un dictamen favorable. Debo decir que, personalmente, me hace especial ilusión participar en la creación de esta parroquia, dado que será la primera en la que lo haga como obispo.

Con todo, la creación de una parroquia no significa trabajar aisladamente en relación a las otras parroquias o comunidades vecinas. Precisamente, conviene potenciar la labor conjunta en el marco del trabajo que se está llevando a cabo entre los sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos y laicas del conjunto de parroquias y del mismo arciprestazgo. Cada parroquia no puede convertirse en una isla aislada. No tendría ningún sentido, y menos en los momentos actuales.

Deseo que en la nueva parroquia de la Assumpció, que hoy constituimos, se pueda reunir con ilusión renovada «la familia de Dios como una fraternidad animada en unidad» y, en comunión con su rector y los otros pastores, «reconozcan y promuevan sinceramente la dignidad de los laicos y la responsabilidad propia que les corresponde en la misión de la Iglesia»(Concilio Vaticano II, Decreto sobre los presbíteros, 6 y 9). Rezo para que en esta nueva parroquia, así como en las otras parroquias de la archidiócesis, se confíeen laicos y laicas y se les responsabilice de aquellas tareas que estén en condiciones y con posibilidades de asumir, teniendo presente que su misión prioritaria es la de convertirse en testigos de Jesucristo en medio de las realidades del mundo. Como afirmaba en la Carta pastoral El Espíritu rejuvenece a la Iglesia, «en cuanto al anuncio de la fe, las nuevas generaciones tienen que vivir a un nivel personal y concreto aquella relación fraternal de Jesús con los discípulos […]. Es necesario ese contexto humano donde la persona concreta se encuentra acogida y acompañada». Y después, hablaba de la «proximidad», que implica ―por una parte― un «trato frecuente y familiar, donde el propio proyecto de vida cristiana se comunica por contigüidad, casi por contagio. Y, por otra parte la aceptación positiva de la persona, con sus virtudes y defectos». En este sentido, la parroquia, o «comunidad eclesial ejerce una verdadera acción materna» (Decreto sobre los presbíteros, 9).

Pidamos, por tanto, que el Espíritu Santo rejuvenezca nuestra Iglesia por medio de nuestras parroquias. Felicito de corazón a la nueva comunidad parroquial de Segur de Calafell y rezo para que «sea un hogar de fraternidad cristiana, un hogar abierto y acogedor de todas aquellas personas que quieran acercarse y formar parte».

Vuestro,