Fecha: 13 de septiembre de 2026
Desde que el papa Francisco anunciara la convocatoria del Sínodo sobre la sinodalidad con el lema “Comunión, participación, misión” en 2021 la Iglesia ha recorrido un camino en diversas fases de preparación y participación en un tema que no nos resulta fácil de entender ni de asimilar.
A lo largo de estos últimos años se ha hablado mucho sobre el concepto de sinodalidad, que significa caminar juntos, su significado y alcance, con aportaciones muy variadas y no siempre coincidentes. Es significativo el discurso del Papa León en la apertura del año pastoral en la diócesis de Roma en el año 2025, en el que pedía una mayor implicación en la aplicación de las propuestas sinodales, y “trabajar por la participación activa de todos en la vida de la Iglesia”, especialmente a través de los organismos que conectan ámbitos diferentes y discernir, pensar y planificar iniciativas pastorales comunes.
Y aunque necesitamos profundizar más en este tema, esta frase del Papa León, “trabajar por la participación activa de todos en la vida de la Iglesia”, puede ser un buen punto de partida para avanzar en este camino. Una imagen que también puede ayudarnos es la de una familia en la que se combina adecuadamente la experiencia, la capacidad de decisión, el impulso y el empuje, la motivación para vivir la apertura al futuro. Cada uno de los miembros de la familia tiene su misión y su aportación. Las personas mayores, los abuelos principalmente, aportan la experiencia de los años, la sabiduría profunda, el recorrido interior, que pueden transmitir y deben compartir con los demás.
Por su parte los padres tienen la misión de juntar a los diferentes miembros de la familia, con sensibilidades variadas, de escuchar a unos y otros y propiciar que se escuchen. Los más jóvenes miran hacia el futuro, tienen la energía necesaria para hacer avanzar a la familia, para abrir nuevos caminos, para hacer propuestas que pueden ser atrevidas, para soñar con esperanza.
Desde esta imagen podríamos resumir algunos aspectos de la sinodalidad en los siguientes puntos:
- El objetivo de todo camino sinodal es discernir la voluntad de Dios. Discernir significa escuchar qué nos pide Dios como cristianos, como parroquia, como arciprestazgo, como movimiento, como diòcesis.
- La oración es absolutamente necesaria, y por eso es importante fomentar espacios de oración y adoración para estar a la escucha de Dios que nos habla a través de su Palabra. Unos espacios donde podamos encontrarnos todos, de edades diferentes, unidos por el mismo Señor.
- Se trata de aprender a caminar juntos, desde la conciencia de formar parte de un cuerpo vivo que es la Iglesia y que hemos recibido en la vocación bautismal cada uno de los cristianos. Y en verdadera fraternidad y entre todos, presbíteros, diáconos, consagrados, religiosos y laicos.
- Y vivir esto desde una «corresponsabilidad diferenciada». Es decir, todos los bautizados, cada uno en su nivel y posibilidades, debemos participar en la reflexión y el diálogo. Distinguiendo entre el proceso para elaborar una decisión mediante un trabajo común de discernimiento, de consulta y cooperación, de la toma de decisión que le corresponde según el caso al obispo, al rector, o al responsable del ámbito.
Éste es el camino que nos propone el Espíritu Santo a través de la Iglesia, Un camino de conversión personal y comunitaria que necesitamos: “Convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc. 1, 15).


