Fecha: 18 de octubre de 2026
Este año, el Domund, la Jornada Mundial de las Misiones, cumple cien años con un lema que es programa y oración: «Uno en Cristo, unidos en la misión». El Domund nos recuerda a los católicos que no nos une una estrategia ni una estructura que debamos salvar. Nos une Jesucristo. Y precisamente porque somos uno en Él, ninguna comunidad puede vivir encerrada en sí misma, ningún carisma puede caminar solo y ningún bautizado puede considerar que la misión es tarea de otros.
La solidaridad misionera nace de esta comunión. La oración, la ofrenda económica y la entrega personal forman parte de un mismo gesto. Cada donativo, incluso el más pequeño, sostiene a catequistas, seminarios, escuelas, dispensarios y comunidades que anuncian a Cristo en medio de la pobreza, la violencia o la soledad. Pero el Domund también nos pregunta si estamos dispuestos a ofrecernos nosotros mismos, a ofrecer nuestro tiempo y a convertirnos en misioneros aquí y ahora.
Santa Teresita decía: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacer que sea amado». Que Jesús sea conocido y amado: aquí late toda vocación misionera. Antes de atravesar fronteras, el misionero deja que el amor de Cristo atraviese su corazón. Después descubre que toda frontera humana puede convertirse en un lugar de encuentro.
En nuestra diócesis queremos crecer como comunidades y como testigos del Evangelio, avanzando todos en una misma dirección. Las unidades pastorales pueden ayudarnos a vivir más unidos a Jesús y más unidos en la misión. La pedagogía de la misión, tanto en otros lugares del mundo como aquí, pasa por la cercanía, la amistad, el testimonio, la conversación y la caridad.
Cuidemos la oración por las vocaciones misioneras y por nuestros misioneros, (sacerdotes, religiosos, religiosas y familias). Hermanemos nuestras parroquias con parroquias de otras latitudes. Y ¿por qué no proponemos a jóvenes y adultos que entreguen sin miedo, unos años, o toda la vida, al anuncio del Evangelio? El Domund no es una colecta con misa. Es la llamada de Cristo a amar sin fronteras y a dejarnos enviar.


