Fecha: 3 de mayo de 2026
Queridas familias, nos acercamos a un momento clave del curso: el tiempo de las inscripciones y de la matrícula. Son días de decisiones prácticas, sin duda, pero también de decisiones de fondo: qué educación queremos para nuestros hijos e hijas, qué mirada sobre la vida les queremos regalar, qué herramientas les ayudarán a crecer en libertad interior, sentido y responsabilidad?
En este contexto, quiero recordaros con serenidad un derecho que os pertenece como familias: poder elegir la asignatura de Religión católica dentro de la oferta educativa. No es ningún privilegio ni una concesión amable, sino una posibilidad reconocida en el marco legal vigente. Precisamente por eso, todos los centros educativos están obligados a ofrecer esta materia. Es posible que, en algunos casos, os encontréis con respuestas ambiguas, con presiones sutiles o con argumentos que intentan haceros creer que “no se puede”, que “no toca” o que “no hay demanda”. Os animo a no resignaros.
La Religión católica, cuando se vive y se imparte con rigor, no es una pieza decorativa del currículo. Es una propuesta formativa que ayuda a integrar la cabeza y el corazón, aporta cultura, lectura crítica de la realidad, grandes preguntas, lenguaje simbólico, relación entre fe e historia, y una educación en valores que mira a la persona en su totalidad. Es también un espacio donde muchos docentes se han preparado durante años con vocación, profesionalidad y amor a la educación.
Me preocupa constatar que en Cataluña hay centenares de centros que no cumplen este deber de ofrecerla. Ante esta situación, no queremos que nadie se sienta solo. Los obispados y las delegaciones diocesanas de enseñanza estamos a vuestro lado para orientar, acompañar y defender vuestra libertad de elección, siempre desde el respeto, el diálogo y la determinación.
Familias, no dejéis que os arrebaten el derecho de abrir a vuestros hijos e hijas una ventana más amplia para comprender el mundo, la religión católica y su propio corazón.
Queridos docentes, si sentís esta llamada, ofreced vuestro servicio. En nuestra diócesis necesitamos profesores de religión. La Iglesia y la sociedad necesitan educadores que siembren profundidad, esperanza y humanidad. Concluyo agradeciendo de corazón la dedicación y la entrega de todos y cada uno de los docentes en cada escuela. Educar es siempre un acto de esperanza.


