Fecha: 21 de junio de 2026

El paso del papa León XIV por nuestra diócesis de Sant Feliu de Llobregat quedará grabado para siempre en nuestro corazón. Esta histórica visita pastoral ha sido una parábola de comunión y misión que nos deja huellas imborrables de llamada a las fuentes de la fe, el encuentro con Cristo y la reconciliación.

El momento vivido en el centro penitenciario de Brians fue de una profundidad espiritual inmensa y de una humanidad entrañable. El Santo Padre se acercó a los y las internas para encender una luz de futuro: «¡Dios te quiere como eres, pero te sueña mejor! ¡El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, ya que ser cristiano consiste en crecer en la capacidad de convertirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar!» Nos recordó que su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho.

Posteriormente, la visita a la Abadía de Montserrat elevó nuestros corazones. Ante la Moreneta, el Papa hizo un llamamiento universal a la paz, pidiéndonos renunciar a las palabras hirientes, a la murmuración y a las calumnias para que el odio dé paso a la esperanza. Otro momento emotivo se vivió desde el balcón del monasterio, donde improvisó unas palabras vibrantes de agradecimiento hacia nuestra gente y nuestra tierra: «Gracias por estar aquí. Gracias por esta hermosa manifestación de fe. Todos unidos en una sola familia, con esta acogida de nuestra Madre María, la Virgen de Montserrat. (…) Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia. Gracias a cada uno ya todos vosotros por recordar a todo el mundo —en Cataluña, en España, en el mundo— que la fe da vida, y la fe da esperanza. Y es María, a quien Jesús nos dio como Madre desde la cruz, la expresión de amor maternal que nos acompañará siempre».

Este viaje apostólico nos invita a vivir desde la caridad, la primacía del amor de Dios. Os animo a hacer nuestras éstas y el resto de enseñanzas de León XIV para transformarnos nosotros y nuestras comunidades a la luz de la belleza de la fe en Jesucristo que nos hermana a todos.

Cómo nos sueña el Señor? ¿Cómo sueña nuestras comunidades? ¡Alcemos la mirada!