Fecha: 9 de agosto de 2026
Estimados amigos y amigas:
La fiesta de san Lorenzo que hoy celebramos ilumina el corazón de la Iglesia con el resplandor de una vida entregada en silencio y hasta el extremo. Diácono y mártir, servidor de los pobres y testigo fiel de Cristo, nos recuerda que la grandeza del Evangelio no se mide por el poder que se posee, sino por el amor que se entrega. La palabra diácono significa «servidor», y se identifica con un hombre llamado a hacer visible en medio del pueblo cristiano el rostro de Jesucristo, que se inclina para lavar los pies de sus discípulos, que se acerca a los heridos del camino, que acompaña con los enfermos y que ofrece su vida por amor. No es casual que el Señor dijera de sí mismo: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27). En esa frase, quizá, se encuentra condensada toda la espiritualidad diaconal.
En nuestra diócesis tortosina damos gracias a Dios por el don de nuestros tres diáconos permanentes. Ellos prolongan los gestos del Maestro y sirven a la Palabra anunciando el Evangelio; a la liturgia ayudando al pueblo a elevar su corazón hacia Dios, y a la caridad sosteniendo a quienes caminan entre los surcos del Cielo y la Tierra. Sus manos sirven y se entregan sin esperar recompensa, transformando el mundo desde el silencio.
El diácono está llamado a ser un buen samaritano de cada día, como un signo concreto del amor de Dios. Ya en su tiempo, san Vicente de Paúl afirmaba que «los pobres son nuestros amos y señores». Y en esa escuela aprendieron san Lorenzo y tantos diáconos a lo largo de la historia: descubriendo en los necesitados el rostro mismo de Cristo. Hoy deseo dirigir también una palabra de gratitud a las esposas y a los hijos de nuestros diáconos: su entrega silenciosa forma parte de esta hermosa vocación. Gracias por sostener con amor esta llamada y por hacer, de vuestros hogares, espacios donde el Evangelio se vuelve vida concreta. Y gracias, queridos diáconos, por recordarnos que Dios sigue inclinándose —merced a vuestras manos— sobre las heridas del mundo.


