Fecha: 21 de junio de 2026

Suele decirse que los jóvenes son la esperanza del futuro. Y es verdad, porque es la etapa en que la vida está todavía en construcción, es el tiempo de tomar decisiones y una orientación de por vida. Es una etapa que se vive compartiendo y participando, disfrutando y sufriendo con otros jóvenes de los aspectos positivos y de los que no lo son tanto del mundo en el que vivimos. También es cierto que independientemente del ambiente y el entorno social y cultural, ésta es una época que se caracteriza por unos valores específicos, unas fortalezas, y también unas limitaciones.

Como fortalezas características de los jóvenes podemos señalar la capacidad de adaptación, especialmente en la actualidad en todo lo referente a la tecnología; también la creatividad, la iniciativa y entrega y la alegría. También cabe destacar que comparten, por lo general, una especial sensibilidad social. Como carencias o limitaciones podríamos remarcar la sobresaturación de información que vivimos, la dependencia de las tecnologías, la presión social y psicológica que provoca ansiedad y depresiones, la incertidumbre del futuro por falta de un trabajo estable y de una vivienda digna.  Es como una etapa de desarrollo en la que conviven potencialidades, aprendizajes y limitaciones que dependen también de las circunstancias sociales y económicas de cada persona.

Pero existe un aspecto que afecta especialmente a los jóvenes y es la falta de referentes en el momento actual. Y precisamente en el momento de la vida que, para ser personas en construcción, es más necesario. De hecho, sí que hay referentes: deportistas famosos, “influencers”, “youtubers”, empresarios millonarios, artistas, etc. Pero puede que no sean estos los que más necesitan los jóvenes, sobre todo cuando se trata de referentes superficiales, carentes de contenido, de solidez, de auténticos valores. Además, no podemos olvidar la influencia de la crisis de la familia, el materialismo y consumismo al que estamos todos sometidos, la falta de estructuras sociales y familiares consistentes que ayuden en este proyecto de llegar a ser personas maduras, que para nosotros los cristianos sabemos que significa ser santos.

Esto puede verse en la sed que manifiestan especialmente los jóvenes, aunque también muchas personas adultas, de valores verdaderos, de autenticidad, de criterios firmes. Lo hemos podido comprobar estos días pasados ​​con la visita del Papa León XIV. Hemos visto que allá donde ha ido el Santo Padre, jóvenes de todo tipo se han lanzado a aclamarle, han escuchado con atención sus profundas reflexiones y mensajes. Por eso, reflexionando sobre los jóvenes no podemos olvidar que el verdadero referente es Jesucristo, y deberemos presentarlo al mundo como el auténtico referente que Dios nos ha dado en su Hijo hecho Hombre. Y recordar también a los jóvenes santos que ha habido a través de los siglos, como San Carlos Acutis por ejemplo, San Pier Giorgio Frassati recientemente canonizados por el Papa Francisco, y otros muchos como Santa Teresa del Niño Jesús.

Hoy precisamente, 21 de junio, la iglesia celebra la fiesta de un santo joven, San Luis Gonzaga, que es el patrón de la Juventud. Un chico del siglo XVI, de una familia noble e importante del norte de Italia, pero que experimentó la llamada a ser misionero y renunciando a todo entró muy jovencito en la Compañía de Jesús y murió a los 23 años en Roma cuidando a los enfermos de la peste.

San Luis puede ser poco conocido entre los jóvenes actuales, pero nos enseña algunas actitudes y virtudes que son importantes: una es la libertad interior, libertad para poder escoger a Cristo por encima de todo y saber renunciar a las cosas que nos impiden seguirle. A la libertad interior va unida la pureza de corazón, que es una mirada limpia sobre toda la realidad y también una capacidad de amar sin poseer. En un tiempo, como el nuestro, en el que tantas personas son heridas por relaciones donde los han utilizado, donde reducen su cuerpo a objeto de consumo, el testimonio de san Luis es muy actual. Y llegamos a una cuarta nota importante de la vida de san Luis: la oración y la relación con Dios que le llevó a una caridad muy concreta. El amor a Jesús se hizo material en el servicio a los enfermos y a quienes más lo necesitaban hasta dar la vida.

Necesitamos referentes, sí. Pero tenemos el mayor y principal que es Jesucristo, el Hijo de Dios; y tenemos también a los santos, conocidos y desconocidos, testigos y reflejo de la inmensa riqueza de Cristo. Todos ellos nos manifiestan que la acción de Dios es real cuando nos dejamos guiar por su Espíritu Santo, porque esto es lo que han hecho los santos.