Fecha: 3 de mayo de 2026

Nos encontramos de lleno en la primavera. Este es un tiempo en que los campos se llenan de flores y la naturaleza renace con nueva vitalidad. Los cristianos seguimos en el tiempo de Pascua. Continuamos celebrando que Cristo ha resucitado. La Resurrección de Cristo es “una nueva primavera” que nos llena de alegría y nos hace nacer de nuevo. 

La Iglesia dedica cada mes de mayo a la Virgen María. Ella fue una mujer sencilla, humilde, siempre dispuesta a ayudar a los demás, siempre preparada para cumplir la voluntad de Dios. Ella es, como decía a menudo el papa Benedicto XVI, “la flor más bella de toda la creación”. Ella es la compañera ideal en nuestro camino de la vida. 

Quisiera ilustrar esta reflexión dominical con una anécdota atribuida a santa Teresa de Calcuta. Cuenta la Madre Teresa de Calcuta que, durante un viaje, un sacerdote le regaló una imagen de la Virgen María de gran tamaño envuelta en una tela. Cuando iba a tomar el tren de regreso a su ciudad, el jefe de estación le dijo a la Madre Teresa que tenía que cobrarle una tasa por llevar aquel paquete tan voluminoso. Entonces, la Madre Teresa lo abrió y le dijo al jefe de estación: “Llevo conmigo a la Virgen María. Es mi compañera de viaje”. Aquel empleado quedó tan sorprendido al verla que no le cobró nada. Desde entonces, la Madre Teresa siempre explicaba que jamás viajaba sola, porque la Virgen siempre la acompañaba. 

María es, ciertamente, un modelo de madre y compañera. En el Evangelio podemos verla visitando a su prima Isabel para ayudarla en todo lo que necesite. Encontramos a María al pie de la cruz de Jesús, acompañándolo en sus horas más difíciles. En el libro de los Hechos de los Apóstoles la veremos animando a la primera comunidad cristiana, a la Iglesia cuando da sus primeros pasos (cf. Hch 1,14). 

María también nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Así lo recoge la bella canción Santa María del Camino: “Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás, contigo por el camino, Santa María va”. Durante este mes de mayo, recordemos que tenemos siempre a nuestro lado una madre que nos guía con delicadeza hacia Jesucristo. 

Durante este mes, dejémonos acompañar por la Virgen María. Podemos rezar el Santo Rosario en familia, repetir con ternura alguna invocación o acción de gracias a María o acompañarnos de una imagen de la Virgen en algún lugar de nuestra casa. En su compañía, podremos recogernos a orar o cantarle con afecto algunos bellos cantos marianos. También podemos participar en alguna de las celebraciones que preparan nuestras comunidades. 

Queridos hermanos y hermanas, pidamos a la Virgen María que nos ayude a acoger la Palabra de Dios y saborearla en nuestro corazón. De la mano de María, acerquémonos a Cristo con confianza y ternura. Que ella nos enseñe a estar al pie de la cruz de todos los crucificados de la tierra.